Cuando mañana domingo, en un horario matutino inusual en estas latitudes, salga a la calle la procesión del Corpus Christi, seguramente serán pocos los cordobeses que recuerden que los brillos dorados y ojivales de la Custodia de nuestra ciudad estarán cumpliendo 490 años, ya que la inigualable pieza de Enrique de Arfe fue terminada en 1518.
La fiesta, instituida en 1264 por el Papa Urbano IV, había nacido en tierras flamencas (dieciocho años antes era ya fiesta local en Lieja), pero sólo se generalizó a principios de la siguiente centuria, cuando Juan XXII estableció lo que en adelante sería su elemento más característico: una procesión en la que la Sagrada Forma fuera paseada solemnemente por las calles de ciudades y pueblos. En lo que hoy es España, las primeras procesiones se celebraron en el territorio de la Corona de Aragón: Barcelona, en 1322, abrió la larga lista del Corpus español. En Andalucía hubo que esperar al cambio de siglo para registrar las primeras procesiones: los primeros datos de la procesión en Córdoba se sitúan en torno a 1430. El arte y la literatura se volcaron en la celebración, generando en los Siglos de Oro obras maestras que aún hoy son objeto de estudio y atención.
Desde sus comienzos, la fiesta se ha celebrado en jueves, diez días después del domingo de Pentecostés. El traslado del jueves al domingo inmediato se estableció en la mayor parte de España en 1990, aunque se mantuvo en su día tradicional en las diócesis importantes, como Sevilla y Granada (y algún pueblo de la misma Córdoba). En Roma, el Papa sigue celebrando en jueves la misa del Corpus en San Juan de Letrán, catedral de Roma, y posteriormente acompaña a la custodia por la Vía Merulana hasta la basílica de Santa María la Mayor. La procesión del Corpus salió por última vez en Córdoba en su día tradicional (jueves) en el año 1995.
Una fiesta «reciente»
Aunque la fiesta del Corpus, como se ve, no es de las más antiguas de la Iglesia y «sólo» cuenta con algo menos de 800 años, ha llegado a ser de las más populares del calendario cristiano: el tono festivo, alejado de las premoniciones dolorosas de la otra gran jornada eucarística (el Jueves Santo), y el esplendor del culto al Sacramento por antonomasia han estampado huellas imborrables en la mente y en el corazón de los católicos y de quienes -sin serlo o pretenderlo- tienen un mínimo de sensibilidad.
Prueba de esto último son, por ejemplo, dos hermosos cuentos escritos hace más de ochenta años por sendos autores españoles -«El poeta maldito» (1924) de Rafael Cansinos-Assens y «Corpus» de Gabriel Miró (1927)- que utilizaron como motivo literario la procesión del Corpus Christi. Sin saberlo, y desde perspectivas ideológicas dispares, estaban dando en el corazón de la fiesta que mañana celebra la liturgia con la procesión de la Custodia: Cansinos nos pone ante un escritor descreído al que el tintineo de la Custodia hace tambalear sus ¿convicciones? antirreligiosas; Miró, por su parte, denuncia con su prosa impecable la situación de un niño a quien su pobreza material le hace sentirse ajeno a la festividad por la falta de caridad de sus semejantes.
La hondura religiosa y la proyección en el amor a los demás, especialmente a los más necesitados, son en efecto las dos marcas más características de esta fecha. De hecho, Cáritas Española se fundó en 1947 y desde ese año la fiesta del Corpus se hace coincidir con el Día Nacional de la Caridad, para resaltar la íntima unión entre el culto y el amor a los necesitados como seña de identidad del cristiano.
ABC Córdoba