
Parece que la lluvia tiene un detector de incienso y de preparativo de procesión porque en este mes de mayo hace acto de presencia cada vez que un trono ha salido o ha estado a punto de hacerlo y ayer volvió a suceder. Desde las seis de la tarde llovía en la Trinidad y los que allí esperaban la salida de la Virgen que lleva el nombre del barrio se cubrían como podían. La hermandad plantó la cruz guía en el dintel a la hora prevista, pero la lluvia persistía, por suerte fue algo pasajero y a las siete menos diez el cortejo se puso en marcha.

Toda vestida de blanco se presentaba la Virgen de la Trinidad, pues están pasando a nuevo terciopelo el manto de camarín que estrenó para su coronación. En su largo recorrido su primera cita fue la Peña Trinitaria donde fue recibida con una gran petalada.

Despacio seguía avanzando por calle Trinidad para concluir ante su casa hermandad, donde fue recibida con campanas y flores. Después llegaría el turno de la iglesia de la Trinidad, donde esperaban a la Virgen las Clarisas que allí tienen su convento.

La última visita de la noche correspondió a la ermita de Zamarrilla, donde una representación de esta hermandad esperaba a la Trinidad. Los guiones de ambas hermandades recibieron juntos al trono de la Virgen. Giró el trono hasta la puerta de la ermita, puerta que no pudo ser franqueada por ningún hermano o devoto de la Virgen de la Amargura, pues así lo impedían los responsables interinos de la corporación zamarrillera.

Eran más de las diez y media de la noche cuando el cortejo buscaba calle Carril, aún quedaba una hora para llegar a San Pablo. 





