Ayer se celebró la jornada principal de las fiestas en honor a la patrona en un domingo de mayo radiante de primavera. La Virgen de Araceli hacía por segundo año consecutivo su salida procesional en el día grande de las Fiestas Aracelitanas desde el templo de los Reverendos Padres Franciscanos. Ataviada con el manto y saya de color rosa, el mismo que llevó por primera hace diez años con motivo del cincuentenario de la coronación canónica de la Virgen de Araceli, la Patrona apareció a las ocho de la tarde por el cancel de la iglesia conventual ante la mirada de miles de personas que se agolpaban en el llanete de San Francisco.
Enmarcado por los jardines del paseo apareció el trono de plata, con un exorno floral en tonos rosados, entre un insistente repique de campanas y cohetes. María de los Ángeles Ramírez, Aracelitana Mayor, junto a la Corte de Honor, antecedían con sus mantillas a la Patrona. Representantes de las cofradías, hermandades filiales, Obra Pía, autoridades civiles y religiosas, completaron el cortejo. Varias bandas ponían la nota musical al desfile.
La procesión avanzó por la calle San Francisco en medio de una lluvia de pétalos que caían desde los balcones engalanados para la ocasión. Un momento especial llegó al final de la calle San Pedro, cuando la procesión giró hacia la calle Curados y tuvo lugar el encuentro con la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que esperaba a las puertas de su capilla. El cortejo continuó por la calle El Peso hacia El Agua para llegar de nuevo al barrio de San Francisco. Antes de la medianoche, la Virgen de Araceli volvía a su templo en medio de un espectáculo de fuegos artificiales.
Por la mañana, el Obispo de Córdoba, Juan José Asenjo Pelegrina, presidió la función religiosa que contó con la presencia de la Coral Lucentina y la orquesta sinfónica del Conservatorio. El prelado cordobés definió a María como «la medianera universal de todas las gracias».
ABC Córdoba