domingo, 27 de abril de 2008

Este año los premios Demófilo de la Fundación Machado se pueden calificar como incontestables. Tras algunos años en los que los galardones se repetían en sí mismos, este jurado que preside Manuel Cepero está atinando últimamente.

 

Como sabrán, de la pasada Semana Santa se reconoció al Gran Poder con la túnica de los cardos, la restauración del Salvador y la trayectoria del fotógrafo Jesús Martín Cartaya. Pero me voy a detener en la coda o postdata final del acta del jurado donde se manifiesta el apoyo de la Fundación a la Hermandad del Silencio de Carmona por haber estrenado el nuevo paso para el Nazareno, tan minimalista y contemporáneo que ha causado estupor en el pueblo.

 

La redacción de esta postdata indica que «la Semana Santa no sólo se construye desde la imitación del pasado sino que en ella caben obras de creación contemporánea». Claro que sí. Eso es lo a veces se echa en falta, creación e innovación, pero no a cualquier precio. El paso del Nazareno de Carmona diseñado por Juan Fernández Lacomba era interesante sobre el papel y en su concepción. Pero una cosa es la idea y el boceto y otra la ejecución y aquí es donde ha estado, a juicio de muchos, el mayor error. Si el conceptualismo y el minimalismo nace para que nada distraiga lo fundamental, la Imagen, aquí se ha conseguido justamente el efecto contrario: que los fieles hayan estado más escandalizados por la nueva obra que pendientes de la grandiosa imagen del Nazareno carmonense de Ocampo, primo hermano del de San Antonio Abad.

 

El arte contemporáneo cuesta de digerir y más en un mundo en el que el barroco o los estilos clásicos llevan cuatro o cinco siglo repitiéndose a sí mismos. En Sevilla ocurrió algo parecido cuando se estrenó el paso del Calvario -la mesa de billar le llegaron a motejar- o el palio de la Virgen de los Negritos que a pesar de los años que ya tiene no termina de cuajar en cierto segmento del mundo de las cofradías.

 

Otro caso parecido fue el del Cristo del Mayor Dolor de las Cigarreras obra de Joaquín Bilbao, que permanece almacenado y si salimos de Sevilla, el gran fracaso del arte contemporáneo fue aquel trono malagueño de la Exaltación de la Soledad de Juan de Ávalos que tuvo que retirarse a los pocos años de ser estrenado.

 

El arte contemporáneo no solo puede sino que debe hacer incursiones en este mundo de la Semana Santa pero teniendo en cuenta que el marco en el que se desarrolla toda actividad artística bebe de modelos clásicos. Eso parece que lo están entendiendo muy bien en Écija donde hay ejemplos de pasos que son innovadores sin salirse del tiesto. Lo de Carmona es muy innovador, pero es para repensárselo o al menos para rectificar este paso que tiene más pinta de repisa que de trono.

 

ABC Sevilla


Publicado por nazarenodelaO @ 13:33  | Sevilla
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