domingo, 20 de abril de 2008

Una de las acepciones que el Diccionario de la Lengua otorga al verbo funcionar es «resultar bien». Últimamente, el vocablo se está utilizando bastante con relación a los estrenos o a las artes de la Semana Santa, un territorio en el que ni todo lo antiguo es bueno, ni todo lo nuevo, como se suele decir ahora, funciona. Por ponerles algunos ejemplos llamemos históricos: no parece que haya funcionado el actual paso del Cachorro, que siendo el más virtuoso de los tres con los que ha contado el Cristo desde el siglo XX, tiene algo que no termina de encajar; tampoco ha funcionado el palio nuevo de la Estrella, aunque aquí los expertos sí definen el error: se trata de una pieza demasiado bordada en relación con sus dimensiones, algo que provoca un efecto visual de pequeñez... En la pasada Semana Santa hemos tenido varios estrenos que, después de verlos una y otra vez tanto en vivo como en las grabaciones de la televisión, cuentan con algún detalle o matiz, si se quiere pequeño, que le impide el correcto funcionamiento. Vamos a ello: la Virgen del Polígono. En su capilla, en el paso, es una obra prodigiosa, como ya se ha dicho aquí, del mejor Luis Álvarez Duarte. Pero este año, cuando le ha dado el sol del Lunes Santo, sus ojos verdes se han hecho tan transparentes que han provocado un efecto muy extraño. Quizá una coloración algo más oscura pudiera evitar esta sensación, sin ser malo que una imagen se rectifique en algún detalle después de hecha: ahí está el caso del Cristo del San Gonzalo, que llegó rubio y al poco Ortega Brú repolicromó el color del pelo. Otro estreno que no termina de funcionar es la corona de oro de la O. Los rayos biselados se hacen tan invisibles por el virtuosismo del repujado del resto de la pieza que el perfil de la ráfaga se antoja raro al parecer que está compuesta sólo por las lengüetas que sostienen las estrellas. Algunos hermanos de la O me han llegado a preguntar si una Virgen coronada ya no puede sacar más corona que la que se utilizó para el acto, en clara añoranza a las otras coronas de la Virgen, en especial, la maravillosa de Paco Bautista. El nuevo paso de la Vera-Cruz, soberbio y mucho mejor que el anterior funciona, pero cuando oscurece el día, porque el color de la caoba de la obra adquiere un tono más achocolatado que rojizo cuando le da la luz. Las nuevas esmeraldas que rodean el rostro de la Esperanza de Triana, siendo buenas no funcionan igual que las antiguas, que eran menos buenas pero que, al no destacar tanto, empastaban mejor en el conjunto. Este recorrido no quiere decir más que lo que dice, que a veces los estrenos funcionan peor que lo sustituido, pero ahí está la grandeza de los hombres que son sabios cuando saben rectificar.

 

José Cretario

 

ABC Sevilla


Publicado por nazarenodelaO @ 13:23  | Sevilla
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