La resolución del delegado episcopal de hermandades y cofradías, el padre Sebastián Llanes, no ha dejado indiferente a nadie. Mediante dos decretos ha prohibido, en primer lugar, «asistir quien no sea miembro del consejo a los plenos locales y a los cabildos generales de hermanos». En segundo lugar, «no podrá ser elegido hermano mayor quien ya venga desempeñando dichas funciones durante dos mandatos consecutivos».
Estos documentos han dejado invalidado el acuerdo plenario de los hermanos mayores de mantener las sesiones abiertas al público, a menos que un miembro solicite con antelación a la Permanente que desea que sea de carácter privado. Cierra la posibilidad de solicitar una dispensa al Obispado a aquellos hermanos mayores que, por tener un proyecto a largo plazo, quisieran volver a presentarse al cabildo de elecciones de su cofradía.
El presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías, Miguel García, señaló que «como presidente acato y respecto las normas eclesiásticas y no tengo por qué valorar estos documentos».
Sin embargo, entre los hermanos mayores, se han creado dos corrientes: las que aceptan el decreto y la resolución emitida por el padre Llanes y los que creen que esta medida es injusta y excesiva. El hermano mayor del Perdón, Manuel Garrido, aclaró que «la norma de que un hermano mayor no puede estar dos mandatos seguidos en el cargo no es nueva, aunque ahora se ha insistido en esta norma. Sólo ha añadido la suspensión de las dispensas». El hermano mayor de Expiración, Manuel Montero, que lleva 12 años en el cargo, aseguró que «es una manera de garantizar que entre gente nueva en la corporación. Pero, a veces, se confunde con el papel del hermano mayor. Éste es sólo un hermano de fila que ocupa un determinado cargo de manera circunstancial».
El máximo responsable del Medinaceli, Francisco Hernández, que lleva 32 años ostentando diversos cargos en la Junta de Gobierno de la cofradía, aseguró que «a veces las circunstancias te obligan a seguir en el cargo, pero si el Obispado ha aprobado este decreto, hay que aceptar por obediencia». Muy contrario se mostró el hermano mayor de Siete Palabras, Manuel García, que reconoció que el comunicado le había «cogido por sorpresa. La última palabra la deben tener los hermanos que conocen los verdaderos problemas de la hermandad y son los deben refrendar, con sus votos, la gestión de un hermano mayor».
Puertas abiertas
Los hermanos mayores tampoco entienden el decreto sobre el cierre al público de los plenos «porque en la última sesión, por mayoría, decidimos que fuesen a puertas abiertas. Entonces, ¿de qué sirven las decisiones que tomamos? ¿para qué votamos? Si cada vez que determinemos un punto del orden del día, después el Obispado lo va a revocar, estamos perdiendo el tiempo en los plenos», señaló indignado el hermano mayor de Siete Palabras. Además, los hermanos mayores creen que la petición de que se cierren los plenos ha salido desde la propia Permanente al delegado diocesano para las hermandades. El martes se celebra una nueva sesión. Lo que de verdad ocurra dentro nunca saldrá a la luz.
La Voz