Ahora que todo empezó de nuevo porque se consumió del todo, ahora que habrá que seguir viviendo en la espera y en la memoria, ahora que el sol secará los charcos de las calles y del alma, ahora que las flores se secarán tras inmolarse ante las imágenes, ahora que la música se ha callado en el aire y sigue sonando en el recuerdo, ahora que la ilusión no es más que un juguete roto, te has sentado a meditar sobre la melancolía contradictoria del día grande de la Pascua de Resurrección.
Ahora que tienes la sensación del final vacío, ahora que tienes la tentación de sentarte a lamentar lo pasado y la lejanía de lo que tiene que venir, es el tiempo de recordar con el Señor Resucitado que no acabó la Semana Santa con la frialdad de la muerte y la soledad del sepulcro, sino con la gloria que da sentido a todo.
Por eso ahora que sientes que vuelve a empezar el ciclo eterno que no terminará hasta que se doble el cabo de los días del mayo ruidoso, del fuego en el cielo, del viento en las hojas y del frío en la piel, ahora que tienes delante de ti el abismo de la soledad que aliviarás con la visita a las imágenes en que el dulce rumiar de lo vivido, has acudido hasta Santa Marina buscando al Señor anunciado sobre su paso la alegría y la certeza de la Resurrección.
Nubes amenazantes
Ahora le recordarás siempre deslumbrante, con el sol brillando en el oro de su paso, y acaso te vendrá a la memoria que su cofradía tuvo que salir con media hora de retraso, la misma que muchos han pedido esta Semana Santa por culpa de la maneza de lluvia. Estaban las nubes negras encima de Santa Marina y muchos se acordaban de lo mucho que había llovido en Córdoba la tarde anterior.
Ahora que todo empezó otra vez te acordarás de cómo empezaste a echar de menos lo que todavía tenías delante de los ojos, el andar sin prisas, los claveles rojos, las marchas que sólo sonarán cuando le des a un botón, nunca convocadas por la inspiración momentánea de los músicos. Vivirá en tu memoria el perfil del paso, el ángel asumiendo el protagonismo de anunciar que Cristo ha regresado de entre los muertos, el Señor que ha borrado las huellas de la reciente Pasión, los romanos que se espantan, la capacidad del titular para reinar sobre todo el paso y cantar a Córdoba que era el tercer día y había cumplido su palabra y las Escrituras, que al cabo son lo mismo.
Ahora que no habrá más cera cayendo sobre otra cera, ahora que te tendrás que conformar recordándola en el chillar de los zapatos y de los coches, ahora que los capirotes de cartón están vacíos de raso, rúan y terciopelo, ahora que te despediste del azul turquesa que siempre temes encontrarte a la vuelta de una esquina, has caminado por la carrera oficial sin sillas, por el camino inhóspito al que han tenido que llegar todas. Ahora que tú te despides, otros saludan a la Semana Santa de Córdoba, que ven, curiosa paradoja, pasos en la calle por primera y por última vez en este año, que hay gente para todo.
Y ahora que no habrá más palios, que nada igualará el fleco de bellota golpeando contra los varales (que faltaba en la Convención de Tópicos relatada por Acisclo de Compañía), te fijaste en el de la Virgen de la Alegría, con la clara malla filtrando el último sol del último día en que se puede decir que es Semana Santa, aunque haya procesiones el resto del año.
Ahora que volverás a escuchar las marchas que graba la Banda Municipal de Sevilla y que nadie toca en la calle, sí que no echarás de menos las adaptaciones y piezas de escaso gusto que se dedicaban más a los que están abajo que a La Que Está Encima del paso, aunque vibrara esplendoroso el «Pasan los Campanilleros» del final de la calle Nueva.
Ahora que reinarán «ad nauseam» en los patios y en el verbo las gitanillas te acordarás de las rosas color champán del frontal del paso, de la blanca combinación, tan en boga, de los entrevarales por los que se filtraba la cara de la Virgen, y hasta de los gladiolos que se cimbreaban en las esquinas del paso del Señor.
Ahora que no verás moverse más los varales te acordarás de cómo luce la plata y limpia, y ahora que siempre verás a la Virgen contenta porque su Hijo ha resucitado no podrás más que recordarla así, con la tez brillante y la sonrisa algo tímida de la que tanto saben los vecinos del barrio de Santa Marina.
Ahora que el Señor dio sus últimas chicotás grandes, generosas, y se escucharon las últimas marchas de agrupación musical, ahora que el palio se perdió para siempre en el interior de Santa Marina y sabes que tardarás mucho en verlo, recordarás para siempre lo vivido en los últimos días, los pasos avanzando en la tarde o iluminando en la noche, los llantos en las iglesias que nunca terminan de extinguirse, la soledad de la noche más santa.
Ahora que se dejará de hablar de la Catedral persistirá el recuerdo del Viernes Santo, ahora que nadie rememorará la lluvia quedará la tragedia del Miércoles, ahora que los recuerdos del Martes Santo serán dulces aún quedará un regusto amargo, ahora que todo acaba de empezar se verá en el horizonte, lejano como una estrella que se ve después de que haya desaparecido, el Domingo de Ramos en que terminará lo que ayer comenzó tras el Resucitado.
ABC Córdoba