viernes, 14 de marzo de 2008

«Hermandad sacramental y seráfica y cisterciense de capataces y costaleros». Para los cofrades más jóvenes el comienzo del título de la hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Sangre puede resultar casi un enigma. Los de más edad tendrán que explicarles que no es sólo que sus primeros años estén vinculados al mundo del martillo, sino que las trabajaderas en Córdoba no se pueden explicar sin lo que supuso, hace ahora justo 30 años, aquella a la que se conoce como la Cuadrilla del Císter.

 

Aquel grupo de jóvenes costaleros, procendentes del colegio La Salle, a cuyo frente estaba Fernando Morillo-Velarde, fue uno de los pioneros en incorporar la forma de portar los pasos al estilo puramente sevillano y su estilo supuso toda una revolución a partir del año 1978. Antes de los años 70, los pocos pasos de Córdoba que no iban a ruedas lo hacían a hombros de los faeneros, cargadores profesionales que se disponían en trabajaderas, igual que ahora, pero cuyos componentes no portaban costales, sino que se protegían la cerviz con mantas o toallas.

 

En 1975 se había formado la primera cuadrilla de hermanos costaleros, al mando de Rafael Muñoz, en la hermandad de la Expiración. Fueron los primeros en llevar costales, que todavía no eran de arpillera, como ahora.

 

Un acicate para las cofradías

 

La del Císter era una cuadrilla profesional, es decir, cobraba por sus servicios, aunque el dinero obtenido se destinaba a la cofradía a la que pertenecía. Fernando Morillo-Velarde ofrece un dato más: «Éramos un acicate para que las cofradías creasen sus propias cuadrillas de hermanos, porque así se ahorraban el dinero que nos pagaban». Un ejemplo fue la cuadrilla femenina de la Encarnación, que nació para sustituir a la del Císter. En los últimos años, por su trabajo cobraban unas 60.000 pesetas, que eran la principal fuente de ingresos de la hermandad, que daba sus primeros pasos.

 

Su capataz recuerda algunos de los puntos técnicos que aportaban, especialmente el gesto de «meter riñones», con el cuerpo casi en perpendicular con la trabajadera. Fernando Morillo-Velarde conoció en Sevilla la forma de trabajar de las cuadrillas de profesionales y fue tres años a las órdenes del mítico capataz Salvador Dorado «El Penitente», en los pasos de la Virgen de las Mercedes de la Puerta Real, de la Virgen de los Ángeles de los Negritos y de la Cabeza de las Siete Palabras.

 

Después de conocer la labor de «los antiguos», de los que elogia la «atmósfera» en que trabajaban, decidió trasladar a Córdoba su forma de llevar los pasos, que creó una nueva escuela muy distinta a la anterior.

 

Debutaron en la Semana Santa de 1978 con tres pasos de palio: el de la Virgen de la Merced, el del Buen Suceso y el de la Virgen de las Lágrimas. Más tarde sacarían también el de la Virgen de Gracia y Amparo y el de la Encarnación.

 

Aunque ensayaban con marchas, nunca caminaron a los sones de una banda de música, ya que en aquella época no eran tan frecuentes como ahora. La cuadrilla del Císter escribió su última página el 8 de diciembre de 1986, la primera salida de la Virgen de los Ángeles bajo palio. No fue un día fácil para los costaleros, que llevaban encima 120 candeleros y que además se enfrentaron con el problema del andar del paso y del peculiar movimiento de sus caídas y borlas. Su capataz dejó el martilló después de aquel día.

 

¿Quién recoge hoy el espíritu de aquella cuadrilla que revolucionó la forma de andar y que atendió a las necesidades de las hermandades? Fernando Morillo-Velarde no tiene dudas al señalar a Curro como el gran valedor de un estilo y una técnica aprendidos en Sevilla y que se alza como una solución para el problema de costaleros en muchas cofradías.

 

ABC Córdoba


Publicado por nazarenodelaO @ 14:16  | Córdoba
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