Las cosas pasan porque suceden, demasiado obvio. Sólo se le puede caer un plato a la persona que lo lleva y no al que espera en la mesa a que le sirvan, por tanto aquí nada deberíamos decirle, pues en las cofradías pasa lo mismo, si se rompe algo mientras se limpia que nadie le proteste al que lo hace si encima el que se queja está sin mancharse las manos. Porque molesta mucho que te afanes en realizar una tarea y el gracioso de turno siempre ponga las pegas, pero nunca será a quien veamos haciendo eso que critica. Pero todo esto no quita otra cosa, la responsabilidad, esa que se jura cuando se entra a formar parte de una junta de gobierno o se asume una responsabilidad dada por la hermandad. Si no cumples con ella o si no es satisfactoria el camino más fácil y sencillo debería ser renunciar a seguir ejerciendo aquello que no hemos hecho o no logramos hacerlo como es debido, pero como humanos que somos nos aferramos al cargo y antes preferimos que nos echen a irnos. Y si esto es malo no sé si es peor que la juntas de gobiernos y cabildos no exijan responsabilidades a quien corresponda, porque errores se cometen, pero no todos son igual de graves. Que ya está bien que los únicos que dimitan son quienes encuentran insostenible la situación de la hermandad y cansados de luchar contra todo y todos deciden abandonar su cargo. Y es que pasar puede pasar todo, pero no a cualquier precio y bajo cualquier circunstancia.