Veterano periodista, experto cofrade y gerente de Punto Radio Málaga, Paco García tiene mañana ante sí el reto de pronunciar el pregón de la Semana Santa de Málaga en el Teatro Cervantes. Afirma que ha escrito un texto «comprometido, honesto, libre y fresco».
¿Cómo vive estas horas previas al pregón? ¿Siente que es como presentarse a un difícil examen?
No, no tengo esa sensación. Lo que deseo es poder decirlo ya, pero no siento angustia. Me angustia no poder atender tantas demandas de entradas para asistir al pregón y lo agotador que es deber ejercer de pregonero para atender todos los compromisos informativos que me surgen. Están siendo unos días de auténtica locura. Me preocupa no llegar fresco y en plenas facultades por todo este trajín. Lo que deseo es entrar al escenario con el relax mental y físico suficiente para derramarme como hay que hacerlo.
¿Cómo definiría usted el pregón que ha escrito?
Es un pregón comprometido, honesto, libre y fresco; un pregón en el que me he derramado tal como la gente cree que soy. No he intentado ser distinto a como se me conoce. De ahí que he sido transparente con mi forma de pensar y de sentir. A la vez estoy tremendamente emocionado, porque escribir el pregón ha sido un regalo y un gozo.
¿Cuál ha sido el principal problema al que se ha enfrentado a la hora de elaborar el texto?
Cortarlo, aligerarlo. Yo pensaba que estaba ya todo dicho con mis intervenciones de radio, televisión y prensa escrita, pero cuando me puse delante del ordenador comenzaron a surgir ideas, sensaciones, experiencias y contenidos. El primer borrador duraba más de dos horas. Y ahí vino la primera dificultad, tener que comprimirlo a un formato que ronda en torno a hora y media.
Cuando fue nombrado pregonero dijo que quería captar la atención del cofrade y del no cofrade. ¿Cree que lo ha conseguido?
Mi pregón tiene partes más cofrades y otras que lo son menos. Es un texto cofrade, lógicamente, pero aquel que no lo sea, e incluso que no sea cristiano, puede sentirse atraído por partes de lo que he escrito. ¿Cuál puede ser ese punto de atracción? Pues que hablo de cosas de la vida, de las personas, de los valores humanos, que no son patrimonio de ninguna religión, sino que son de la humanidad, desde el que está en África hasta el que está en Alaska. En esa parte, el pregón está orientado a todo el que tenga sensibilidad y quiera seguir siendo un ser humano.
Antes hablaba de los compromisos que le han surgido. ¿Le han salido amigos hasta debajo de las piedras pidiéndole entradas?
Sí, sí. He tenido infinidad de peticiones hechas con todo el cariño y el aprecio. Me gustaría poder haberlas atendido. A pesar de ello, hemos tenido la suerte de multiplicar algunas butacas para el pregón. Se ha hecho lo que se ha podido con la anuencia de la Agrupación de Cofradías en este sentido. Me doy por satisfecho porque me han concedido ese deseo, que se verá plasmado el día del pregón.
Usted está acostumbrado a los micrófonos. ¿Qué es lo que le da más reparo o miedo al enfrentarse al micrófono del pregón?
Pues el miedo a mí mismo, no conseguir ser yo, no estar relajado, a gusto y dueño de la situación. Tengo más reparo a ver cómo logro abrir el fuego y cómo consigo atraerme a la gente que la actitud que expresen los demás, porque sé que la gente ya me ha demostrado cariño, afecto y alegría. Creo que tengo un público muy partícipe y cómplice. El asunto no está en el toro, sino en el torero.
Diario Sur