Los altares de culto tienen los días contados de antemano salvo que por una circunstancia u otra se tenga que retrasar el desmontaje o se trastoquen los planes. Nos afanamos los cofrades para preparar lo mejor posible un altar donde nuestros titulares recibirán culto sabiendo que una vez se celebre el Triduo, Quinario, Septenario o Novena de turno habrá que deshacer lo hecho. Es ley de vida cofrade.
Es verdad que la Cuaresma exige rigor penitencial y que salvo el IV domingo de este tiempo, Domingo Laetare, donde se rebaja en cierta medida la penitencia, la cera debe ser la protagonista absoluta en detrimento del exorno floral que debería desaparecer de los altares ateniéndonos al pie de la letra. Obviamente la ausencia de flores en los altares de culto cuaresmales es algo que no se cumple. Vale que los cultos cuaresmales deban ser austeros, pero no entendemos que esto signifique una vela a cada lado de la imagen. En la virtud está el término medio.