“Les hago buenos bolsillos para los bocatas. Con un recorrido tan largo hay que ir bien preparado”. Rosa Gallardo es una de las costureras del Polígono de San Pablo que no paran de cortar e hilvanar túnicas de sarga. Hogares convertidos en talleres donde se confecciona con hilos de ilusión la primera estación a la Catedral.
En la minúscula salita de Rosa cuelgan túnicas de varios tamaños con un papelito prendido a la altura del pecho donde se puede leer: “Pili”, “Laura”... Son los nombres de los nuevos hermanos del Polígono que el próximo Lunes Santo se enfundarán el antifaz en una larga estación que les llevará a la Campana. La maquina de coser de Rosa –Alfa, “la de toda la vida”,– no tiene descanso. Desde enero, dedica siete horas diarias a la costura. Y es que no deja de coger trabajo, pese a la proximidad de la Semana Santa, pues como ella misma reconoce “no puedo permitir que ningún nazareno del Señor Cautivo de mi Polígono se quede sin su túnica. Seguiré dándole a la máquina hasta una semana antes”, remacha.
Maestra de corte y confección, Rosa tiene hasta un día de prueba:“Los miércoles, que es cuando descanso de mi trabajo”. Lleva más de 40 años en el barrio y es hermana del Cautivo y Rescatado –como le gusta llamar a su hermandad– desde que “no había ni las imágenes”. “Aquí todo es artesanal, hecho con primor: desde la devoción a nuestras imágenes hasta las túnicas que llevamos. Lo hemos tenido que hacer todo”. Y así es. Ella misma ha diseñado el patrón del antifaz: “De 70 centímetros de alto para los adultos”, como mandan los cánones de la cofradía 59 de la nómina, en los que, además, se recomienda “túnicas con dignidad, pulcritud y humildad”. Rosa reconoce que está teniendo muchos encargos, “tantos como el primer años que sacamos nazarenos”. Asegura que, en su mayoría, son mujeres: “Han venido muchas niñas de entre nueve y doce años y mujeres”. De su casa han salido ya decenas de túnicas y “tres más”, añade en alusión a la suya y a la de sus dos hijas, Esther y Macarena. “Y mi marido va de costalero en el paso del Señor. Vamos, que el Lunes Santo nos van a tener que dar el desayuno cuando lleguemos a las diez y media a la iglesia” –hora en la que están citados los nazarenos que realizarán la histórica primera estación a la Catedral–.
Por su máquina de coser han pasado hasta túnicas “minúsculas” como la de un nazarenito de tan sólo cinco meses. “El barrio está volcado. El recorrido es muy largo, pero hay que hacer un esfuerzo”, confiesa Rosa, que explica que ya tiene encargos de trajes de flamenca para la Feria de Abril, aunque ella lo tiene claro: “No me gusta mezclar volantes con capirotes”, sentencia.
Buena parte de la tela de sarga que ha llegado a la casa de Rosa, a los talleres del distrito y a otros tantos hogares del barrio donde madres y abuelas hacen de costureras, ha salido de la Casa del Nazareno, en Matahacas. Su encargada, María de la O, hermana también del Polígono, ha vendido “hasta cinco piezas, de 30 metros cada una”. Y ello sin contar las túnicas que se han confeccionado allí.
El reparto de papeletas comenzó ayer. Para este año se espera llegar a los 500 nazarenos, un centenar más que el año pasado, y 200 más que el primer año que estrenaron túnicas. La motivación de ir a la Catedral ha arrastrado a familias enteras del barrio. Es la pujanza cofrade del Polígono.
El Correo de Andalucía