lunes, 25 de febrero de 2008

El proceso de fundación de las cofradías penitenciales en el ámbito territorial de la diócesis cordobesa se desarrolla durante un período de tiempo bastante largo, ya que comienza en la tercera década del siglo XVI y se prolonga hasta el segundo tercio de la centuria siguiente. A lo largo de esta dilatada etapa se establecen en numerosas localidades las hermandades de la Vera Cruz, Soledad de Nuestra Señora y Jesús Nazareno. También encontramos otras con diferentes advocaciones pasionistas que participan en las procesiones de Semana Santa. Entre ellas cabe destacar las erigidas bajo el título de Pasión de Jesucristo.

 

Las cofradías más antiguas son las de la Vera Cruz que aparecen estrechamente ligadas a los franciscanos y alcanzan una gran difusión en la primera mitad del XVI. El punto de partida de esta expansión data de 1536, fecha en la que, a instancia del cardenal Quiñones, el pontífice Paulo III concede indulgencia a la hermandad de Toledo.

 

Tenemos pruebas fehacientes de la existencia en la ciudad de la Mezquita de la ermita de la Vera Cruz en las postrimerías del siglo XV que se localiza en la zona oriental de extramuros en el Campo de San Antón. Sin embargo, esta pequeña iglesia, cedida a los carmelitas para la fundación, no tiene relación alguna con la cofradía penitencial del mismo título que nace en el convento franciscano de San Pedro el Real.

 

La cofradía de la Vera Cruz de Córdoba, según testimonio aportado por el cronista fray Alonso de Torres, goza de los beneficios espirituales concedidos por Paulo III desde el 30 de julio de 1538 y se establece en una espaciosa capilla del cenobio seráfico de la calle de la Feria. En los lustros siguientes las hermandades de esta advocación se extienden por la geografía diocesana, logrando una notoria difusión durante la etapa de gobierno del obispo Leopoldo de Austria (1541-1557).

 

Con anterioridad a 1551 se fundan las de Cabra, Pedroche, Baena y Santaella, mientras que la de Aguilar de la Frontera se documenta en mayo de 1553. Las reglas de las de Montoro y Cañete de las Torres se aprueban el 16 de marzo y el 24 de abril de 1554 respectivamente. El 9 de abril de 1555 reciben el visto bueno de la autoridad diocesana las de Palma del Río que se componen de proemio y 33 capítulos. El mismo número tienen las de Posadas, aprobadas el 10 de junio de 1556. En 1555 se encuentra ya activa la hermandad de Castro del Río.

 

Asimismo hay constancia de que antes de 1564 funcionan las cofradías de la Vera Cruz en numerosas poblaciones. Entre ellas figuran Belmez, Hinojosa del Duque y Fuente Obejuna. También es muy probable que esté funcionando la de Pozoblanco.

 

Tras la muerte del prelado Leopoldo de Austria se llevan a cabo nuevas fundaciones. En mayo de 1561 se aprueba la de Almodóvar del Río, en 1574 la de Guadalcázar y en abril del año siguiente la de Rute, cuyas reglas aparecen estructuradas en 46 capítulos. Finalmente unos lustros más tarde se pone en marcha la de Espiel.

 

Podemos afirmar que al inicio del último cuarto del siglo XVI la hermandad de la Vera Cruz se halla establecida en la mayor parte de las localidades pertenecientes a la diócesis cordobesa, incluso en núcleos de poca entidad demográfica como Añora, El Guijo y Torrecampo.

 

Hemos indicado que los franciscanos juegan un papel destacado en la propagación de la advocación de la Vera Cruz, de ahí que las cofradías de ese título se hallen erigidas en los conventos de la orden como ocurre en la capital cordobesa y Palma del Río. Sin embargo, hay localidades -Baena, Bujalance, Lucena, Montilla, Rute- en las que la hermandad no se encuentra en el templo de los hijos espirituales del santo de Asís. La causa obedece a que la fundación de la cofradía es anterior a la llegada de los religiosos o bien a la lejanía de los cenobios del casco urbano.

 

El principal acto de las cofradías de la Vera Cruz es la estación de penitencia del Jueves Santo. Los hermanos visten túnica y capirote o capillo de lienzo blanco en el que lucen una cruz verde, insignia de la hermandad. Asimismo los llamados de sangre deben llevar la disciplina para azotarse durante el recorrido de la procesión. También celebran de manera solemne las fiestas de la Invención y Exaltación de la Santa Cruz el 3 de mayo y el 14 de septiembre, respectivamente.

 

La imagen titular suele ser un Crucificado y la advocación más frecuente la del Cristo de la Vera Cruz. No obstante, encontramos algunas excepciones. La de la hermandad de Córdoba se conoce con el nombre de Santo Cristo de las Maravillas, talla que goza de una gran devoción popular.

 

Los cofrades de la Vera Cruz también procesionan una imagen de la Virgen, siendo la advocación más extendida en tierras cordobesas a partir del siglo XVIII la de los Dolores. Sin embargo, la de la capital de la diócesis lleva por título Nuestra Señora del Milagro, a raíz de un prodigio que se le atribuye. En Aguilar de la Frontera y Cabra encontramos a Nuestra Señora de los Remedios y en Rute a Nuestra Señora de la Sangre.

 

Actualmente las cofradías de la Vera Cruz existentes en la geografía provincial hacen gala de un notorio dinamismo como lo reflejan, entre otros indicadores, los encuentros anuales a nivel diocesano. El último, celebrado el pasado noviembre en Castro del Río, congregó a dos centenares de cruceros que participaron en los actos programados por la hermandad anfitriona.

 

Juan Aranda Doncel


ABC Córdoba


Publicado por nazarenodelaO @ 12:39  | Córdoba
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