lunes, 25 de febrero de 2008

«He visto hombres llorar. Hombres endurecidos por el mordisco cruel de las derrotas. Hombres en esa edad en la que ya no se llora». Lejos de la retórica solemne que muchas veces se emplea en los pregones, el del Costalero tuvo un tono distendido. Lo pronunció Eduardo Molero ayer en una iglesia de la Magdalena donde un nutrido público se había acercado para la tercera edición de una cita que quiere convertirse en clásica dentro de la Cuaresma cordobesa y que es iniciativa de la cofradía de la Sagrada Cena.

 

El hilo conductor fue su primer contacto con el mundo del costal, al que llegó casi por casualidad para trabajar a las órdenes de Ignacio Torronteras y por invitación de unos amigos. Mientras tanto, el pregonero hilaba anécdotas o textos, como aquel en que contaba cómo había visto llorar a costaleros por la suspensión de una procesión o aquella vez en que una monja amiga de su madre le dijo que le llevaría a ver a Dios, al que invitó a ver en un mendigo.

 

Los más pequeños

 

Habló de los niños, elogió la ilusión que derrochan en cada Semana Santa y hasta reprochó a los nazarenos que no les dan la cera que piden. «Hablan de que los niños siempre dicen la verdad. Será porque la entienden. Un niño viendo un paso es mucho más que eso. Él resuelve el misterio».

 

Eduardo Molero hizo después una confesión religiosa muy personal. Por eso dijo en verso que a Dios le pide que le ayude, «pero no iré descalzo a ningún sitio, ni encenderé velas cada lunes, ni acudiré a novenas». Fue su explicación de su peculiar forma de sentir la religiosidad.

 

Mientras avanzaba en la narración de su primer ensayo, llegó un momento en que proclamó feliz cómo había cambiado su vida después. «Soy un gramo de luz, soy esperanza en un único Dios, el verdadero, y soy, desde los fondos de mi alma, y por encima de todo, costalero»

 

Desde ahí llegó hasta su primera salida procesional, que narró en versos: «Llámame pronto, hermano, hermano mío, golpea el llamador, cumple mi anhelo». Una plegaria a la Virgen María sirvió de epílogo al Pregón del Costalero, que culminó con la narración de su primera salida procesional debajo de unas trabajaderas. «Y se oyó el golpe. ¡A la esta es! Y salimos al mundo».

 

ABC Córdoba


Publicado por nazarenodelaO @ 12:35  | Córdoba
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