
El segundo fin de semana de Cuaresma nos depara uno de los besapies más esperados, el de un Crucificado soberbio, maravillosa obra de arte y centro de devoción. El Santísimo Cristo del Amor quedaba expuesto en besapies por última vez en la que ha sido su sede provisional mientras duraban las obras del Salvador, la Anunciación. La que para muchos ha sido la casa de esta hermandad y la que esperamos sea la segunda casa para la corporación. Vuelve ahora la hermanad a su templo y esperamos tener allí las mismas facilidades para poder rezar ante el Señor del Amor que mientras ha estado en la Anunciación.

En el centro de la nave única del templo la Virgen del Socorro presidía el dosel levantado para este montaje y lo hacía ataviada de hebrea. El Cristo del Amor permanecía semitumbado permitiendo así una mejor visión a sus devotos. Llamaba la atención ver a tan maravilloso Cristo sin potencias.
En penumbra los fieles se acercaban a besar sus pies. Como testigos los titulares de la hermandad del Valle, aquella que ha sido la corporación hermana durante el exilio de El Salvador. Se irá el Amor y con él desaparecerá la duda de a que altar acudir antes, quedará la Anunciación para el Valle y en el recuerdo todo los cultos que el Amor ha celebrado allí.
Una delicia contemplar de cerca al Cristo del Amor, ese que nos enseña cada Domingo de Ramos su mensaje eterno, ese que esperamos permita pronto ser acompañado por nazarenas.









