martes, 19 de febrero de 2008

Son las personas y no los nombres lo verdaderamente importante. La labor que desarrolles en pro de la hermandad es lo bueno, si es que te dejan demostrarlo aunque no sepan tu nombre. Otros en cambio lo tendrán más fácil, su apellido le abre las puertas automáticamente. Y mientras trabajen por la hermandad no hay problemas, estos vendrán cuando vivan de las rentas de antepasados ilustres y se crean con derechos adquiridos de por vida. Y creer podrán creer lo que quieran pero a la hora de la verdad los cabildos soberanos son y los estatutos los dejan claro, una persona, un voto, por mucho que pueda pesarle a alguien. Y es que en las hermandades todos somos iguales, independientemente del cargo que temporalmente podamos ocupar. Sencillamente un hermano, ni más ni menos.


Publicado por nazarenodelaO @ 0:00  | La cuenta atrás
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