lunes, 18 de febrero de 2008

 Por devoción se mueven cientos, miles de personas en cada ciudad. Imágenes que son veneradas en los corazones de vecinos, habitantes de la misma ciudad o de cualquier confín del mundo. Si las circunstancias lo permiten o haciendo que las circunstancias sean favorables hay devotos que cuando pueden se desplazan a venerar, a reconfortarse ante su presencia física, a ver al Cristo o Virgen de su devoción. Esfuerzo en todos los niveles que hacen estas personas para mirar cara a cara a la imagen de su devoción. Y no estaría nada bien que la Iglesia hiciese pagar a todo visitante foráneo para entrar en un templo cuyo valor artístico es reconocido sobremanera cuando la finalidad primera y última es ver a su Cristo o su Virgen. Y no me vale que se diga que se atenga a los horarios de apertura al culto si estos no son amplios, pues hay que recordar que hay personas que se gastan dinero y tiempo en esto que para otros puede parecerles innecesario o que simplemente no lo valora por mera habitualidad. Porque no hay nada peor que después de hacer cientos de kilómetros en una jornada te encuentres con que si no eres de la ciudad tienes que pasar por caja y que lo diga la Iglesia. Habrá que encontrar fórmulas para conjugar el saneamiento económico con la espiritualidad, eso o que las hermandades que se encuentren con este problema tengan que plantearse cambiarse de templo, porque de qué serviría residir en el templo más maravilloso del mundo si prima la consideración de museo sobre la devoción.


Publicado por nazarenodelaO @ 0:00  | La cuenta atrás
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