Como los panes y los peces se multiplican. Ya han visto la luz los primeros y son muchos los que aún nos quedan por conocer, eso si realmente hay cofrade que conozca cada año todos los carteles que hermandades, asociaciones, tertulias y entidades varias editan cada Cuaresma. Habría que inventariarlos, así serviría para saber quien es de fiar y quien no, y no nos referimos a como sean como personas sino a su faceta artística. Porque hay algunos carteles que dejan mucho que desear, ya sea porque el artista de turno no sepa plasmar las imágenes oportunamente o porque la maquetación eche a perder un buen trabajo.
Como en todo sacar un cartel a la calle exige tiempo, dedicación y dosis de cariño, de mimo, de cuidar los detalles, desde la materia prima, ya sea pintura o fotografía, pasando por la calidad del papel, las dimensiones y la tipografía. Las prisas no son buenas consejeras y el dejarse llevar por nombres y no por obras no es algo recomendable.
Como cada año se cotizará el centímetro de pared o cristalera del comercio de turno y contemplaremos como muchos intentan anunciar algo que no todos consiguen. Fotografías sin la calidad adecuada para ser editadas a un tamaño determinado, pinturas que no gustan a nadie o ese texto que más que informar se convierte en protagonista o llama la atención por su extraña grafía.