sábado, 09 de febrero de 2008
Por todos es sabido los conflictos que siempre han existido durante toda la historia entre iglesia y hermandad.
Deberíamos decir más concretamente entre las personas que se encargan de llevar hacia delante la hermandad y los sacerdotes. Y es que siempre, por h o por b, por el poco vínculo de la corporación con su tempo, o bien la poca o inexistente comprensión de los curas, surgen roces mas o menos graves. Esto es algo que a priori puede parecernos contradictorio, pues no deberían de producirse estos conflictos si, teóricamente, ambas caminan en el mismo sentido y la misma senda, cogidas de la mano.

¿Cuál es en realidad, la relación entre iglesia y hermandad? ¿Están ambas tan unidas como debiera?

Son muchos los rifirrafes, algunos acabando en la disolución de cofradías, caso de la Hermandad del Silencio de Cádiz que radicaba en San Antonio por problemas con el párroco, o el traslado a otra sede canónica o capilla propia, como el caso
de Luz y Aguas de la misma parroquia.

Lo que si es seguro es que son éstas las que salen perdiendo, pues, aunque logren congregar a mucha más gente, la iglesia sigue teniendo más poder.

Es por esto que no deberíamos olvidar que, aunque la Religión acerca a Dios y promulga su palabra, está formada igualmente por personas, como las hermandades y como seres que se comunican, se producen choques. El gran problema llega cuando una de estas personas, por cualquier motivo, se pone por encima de la otra, aunque sea contradictorio con lo que en teoría intenta promulgar.
Publicado por nazarenodelaO @ 0:00  | La cuenta atrás
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