En el templo conventual de San Buenaventura, allá en la calle Carlos Cañal, donde un mosaico de la Virgen de la Soledad nos recibe en su fachada, se disponía como cada festividad de la Inmaculada Nuestra Señora de la Soledad en besamano. Al final de la nave donde reciben culto los titulares de la corporación, donde en primera instancia se encuentra el Cristo de la Salvación, que espera el día en que pueda acompañar a su Madre en la tarde del Viernes Santo como así era intención de esta corporación hace unos años. Allí nos ofrece su mano la Soledad de San Buenaventura. Llama la atención el magnífico puñal que luce la Dolorosa en su pecho.
Tras besar su mano nos viene a la memoria esa etapa que tan bellas estampas deparó cuando la Señora era vestida por Grande de León y que esperamos vuelvan a repetirse nuevamente.