La primera cita indeludible del calendario cofrade, ese que desembocará en una mañana de domingo, de palmas y olivos, es el besamano, precisamente, de una de las protagonistas del Domingo de Ramos, María Santísima de la Amargura. Besamano que se celebra coincidiendo con el aniversario de su Coronación Canónica.
Asombra contemplar a la Virgen de la Amargura en su besamano, y no es precisamente porque estrene como en esta ocasión una nueva saya, obra de Santa Bárbara, similar a la del mosaico que hay en la fachada de San Juan de la Palma. La Amargura es una talla que engancha.
Transida de dolor, parece buscar la compañía de Juan pero en esta ocasión se encuentra con sus devotos que acuden a venerarla, de tú a tú, porque estar tan cerca de la Amargura es una ocasión que no hay que dejar pasar. Ella parece buscar el consuelo para su dolor cuando Ella es quien recibe nuestras suplicas, nuestras peticiones y nuestro amor.
Parece ruborizarse ante el cariño de todos los que han llegado a besarle la mano y ante el cariño que nota proveniente de los que no han podido ir pero que la recuerdan en estas fechas. En su presencia se anticipa la gloria. Sales de San Juan de la Palma y sabes que el primer acto del camino que nos llevará a una nueva cuaresma ha finalizado.
Amargura, sinfonía barroca de llanto y dolor.