La madrugada, como antaño, vuelve a tener un problema. Aquella famosa pescadilla que se mordía la cola bloqueando el tránsito de los cortejos se ha convertido ahora en un barbo, pescado muy trianero, que veremos a ver como se adoba.
En la reunión que mantuvieron el pasado jueves los hermanos mayores de la Madrugada, el de la Esperanza de Triana puso sobre la mesa la situación límite que vive su cofradía.
Se tienen que comprimir desafiando las leyes naturales arrollando nazarenos acólitos y almirantes de la Armada para dejarle el paso libre al Gran Poder en el cruce de Zaragoza con la Puerta de Triana. Adolfo Vela advirtió que su cofradía no puede hacer con 2000 nazarenos lo mismo que hacía antes con 900 y que por tanto no da garantías de que el Gran Poder pueda tener el paso libre en su tiempo.
El Gran Poder, que a esas horas pasa por la zona del Postigo, altamente conflictiva, lo entiende y en cierto modo coincide con los de Triana en que la única solución sería volver al recorrido antiguo, es decir, regresar tras El Silencio por el camino de Placentines. Claro que para esto, Los Gitanos tendrían que alterar el suyo y retomar el itinerario de la Alameda, cosa a la que no está dispuesto Ezpeleta.
La razón que dio el de Los Gitanos en la reunión es que ellos tienen que pasar por el Convento de Sor Ángela. Lo que darían las Hermanas de la Cruz porque Los Gitanos pasasen a una hora de menos somnolencia. Lo cierto es que ante el panorama el Delegado Manolo Rodríguez puso sobre la mesa el cambio de orden entre las tres últimas, algo que, para rematar la faena, no quiere ni escuchar El Calvario. Por tanto, como en las modas, a la Madrugada le vuelven los setenta.
José Cretario
ABC Sevilla