Periodista en ejercicio desde hace más de 25 años, Francisco García se ha marcado el reto de que su pregón llegue al máximo de gente posible, incluso a la que no le gusta la Semana Santa. «Quiero un pregón para todos», afirma.
¿Cómo se siente un día después de saber oficialmente que es el pregonero de la Semana Santa de 2008?
Estoy tremendamente honrado y contento. Al principio se queda uno frío; luego, a medida que he empezado a recibir felicitaciones, me he dado cuenta de que el cariño y el afecto de algunas personas es mayor del que imaginaba. Hay gente que me expresa que está hasta más contenta que yo. Eso me ha embriagado de felicidad.
El nombramiento le llega cuando ya no lo esperaba, ¿verdad?
Hace unos años, yo me sentía más en el punto de mira. Y no es que no lo deseara o no lo esperara ya, porque sé que estas cosas surgen cuando menos se piensan, pero es cierto que no me lo esperaba ahora. Estoy orgulloso de poder poner mi corazón y mi palabra en el Tetro Cervantes.
¿Se ha marcado un plazo para escribir el pregón?
Sí, sí. Me he planteado que el pregón tiene que estar terminado antes de fin de año. El mes de enero quiero dedicarlo a pulir y madurar el texto; en febrero lo meteré en un congelador, en una carpeta, para dejarlo que repose. Cuando queden dos o tres semanas para pronunciarlo volveré a leerlo y lo entregaré a la Agrupación de Cofradías para su publicación.
¿Qué tiempo considera que debe durar su intervención en el Teatro Cervantes?
En principio, voy a escribir lo que salga. No voy a limitarme a priori a que sea una hora o una hora y cuarto. No pienso cronometrarlo. Una vez que esté rematado en bruto, lo leeré y, si me excedo más de esa hora u hora y cuarto, trataré de meterle la tijera. Entiendo que cualquier oratoria debe durar sobre una hora. No quiero un pregón eterno, sino que a la gente le parezca que ha sido corto.
Ha dicho que su disertación será a pie de calle. ¿Qué significa eso?
No es otra cosa que estar con la mayoría de la gente que vive y siente la Semana Santa. Y ahí meto a los cofrades y a los no cofrades; a los semanasanteros y a los no semanasanteros, porque en la calle estamos todos. Como comunicador he intentado hacer transmisiones plurales, abiertas, sociales y malagueñas. ¿Por qué voy a cambiar ese planteamiento en el pregón? Quiero estar a pie de calle, ser social y que la mayoría de la gente de Málaga me entienda. Emplearé palabras sencillas. El pregón tiene que ser clarito, sencillo, popular, que me comprenda el hombre mayor y el niño.
O sea, que pretende que su pregón sea para todos los malagueños.
Totalmente. En la calle, cuando pasa una procesión, están tanto el que le gusta la Semana Santa como el que no. Yo quiero llegar a aquellos que no les gusta para intentar con mis palabras que les guste o, al menos, para que nos entiendan y nos respeten.
¿Y qué Semana Santa es la que le gusta a usted?
Me gusta lo grande y lo chico; el silencio y el jolgorio; el orden y hasta un poquito de desorden, pero controlado; me gustan las señas de identidad de nuestra Semana Santa. Que imperen la emoción, el decore, el buen gusto y el saber hacer las cosas bien. Esa es la Semana Santa que he intentado siempre transmitir.
Diario Sur