A lo largo de este mes de octubre las advocaciones marianas de gloria tienen un indudable protagonismo en la urbe cordobesa como lo refrendan las festividades de Nuestra Señora del Rosario y del Pilar. También algunas imágenes recorren nuestras calles como es el caso de la de Nuestra Señora de la Cabeza y la del Amparo. La importancia del fenómeno nos lleva a esbozar el decisivo papel jugado por las órdenes religiosas en el impulso y fomento de las advocaciones marianas letíficas durante los siglos XVI al XVIII en la ciudad de la Mezquita.
Las órdenes religiosas establecidas en Córdoba ponen un especial interés en la potenciación de hermandades y devociones populares, entre las que destacan numerosas advocaciones marianas de gloria. Constituyen una importante fuente de recursos, ya que todos los sermones y fiestas que celebran durante el año corresponden en exclusiva a las respectivas comunidades. Asimismo reciben estipendios por el acompañamiento en las procesiones y por las misas en sufragio de los cofrades fallecidos.
La orden de predicadores desarrolla una incansable actividad en la difusión de la devoción a la Virgen del Rosario, estableciéndose sendas cofradías en los templos dominicanos de San Pablo y Santos Mártires. Además tenemos constancia documental de la existencia de hermandades del mismo título en la parroquia del Espíritu Santo del Campo de la Verdad y en los monasterios femeninos de religiosas benitas y bernardas de Santa María de las Dueñas y jerónimas de Santa Marta.
La devoción por excelencia en la iglesia conventual de los mercedarios es la de Nuestra Señora de la Piedad que goza de bastante arraigo en el vecindario como lo prueban las mandas de misas y limosnas que aparecen en las cláusulas testamentarias. También los exvotos y las innumerables personas que acuden a la solemne fiesta anual del 8 de septiembre son exponentes significativos.
Asimismo registra una gran afluencia de devotos la función religiosa y procesión que cada año tienen lugar el 24 de septiembre en honor de Nuestra Señora de las Mercedes. Es una imagen de vestir que recibe culto en un sitio preferente como es el retablo de la capilla mayor, desempeñando las funciones de camarera en los lustros centrales del siglo XVIII la marquesa de las Puebla de los Infantes.
Una advocación mariana de gloria que despierta un notorio fervor es la imagen de Nuestra Señora de Gracia que se venera en la iglesia de los agustinos. Otra efigie del mismo título con predicamento entre los cordobeses recibe culto en la ermita de la puerta de Plasencia que en los primeros lustros del siglo XVII va a ser cedida para la fundación conventual de los trinitarios descalzos.
En la iglesia de los carmelitas calzados de Puerta Nueva se localiza la imagen de Nuestra Señora de la Cabeza, titular de una pujante cofradía. Los miembros de la hermandad se trasladan en peregrinación a Andújar en la última semana de abril y permanecen varios días en el santuario mariano para participar en la famosa romería.
También celebran en pascua de Resurrección una solemne fiesta religiosa con asistencia de ministriles y danzantes que regocijan a la multitud congregada. Los religiosos auspician con un gran interés la devoción a Nuestra Señora del Carmen que cuenta con una hermandad que ofrece unos marcados altibajos en su trayectoria.
También la devoción a la Virgen del Carmen va a ser potenciada por los descalzos desde el momento que se instalan en la capital cordobesa. En la iglesia del antiguo convento de San Roque se celebra con toda solemnidad su fiesta y lo mismo ocurre en el nuevo templo de San José, donde se coloca la imagen en el altar mayor.
Los carmelitas descalzos, además de la titular de la orden, impulsan la devoción a una imagen de Nuestra Señora del Socorro que alcanza bastante popularidad a lo largo de la segunda mitad del siglo XVII. A ello contribuye la relación impresa de sus prodigios del abogado Juan de Villarán Ramírez.
También en la centuria del seiscientos cobra una especial relevancia la devoción a Nuestra Señora de Guía que se venera en un altar colateral de la iglesia de los freires de la orden de San Antonio Abad. Numerosos devotos acuden al templo de los hospitalarios de San Juan de Dios a postrarse ante Nuestra Señora de la Zarza, cuya efigie se representa en una pintura sobre tabla.
Los mínimos de San Francisco de Paula fomentan la devoción a Nuestra Señora de la Victoria, titular del convento. Los jesuitas auspician el fervor a la Anunciata que se venera en una suntuosa capilla levantada en su honor. En el siglo XVIII el P. Juan de Santiago promueve el culto a Nuestra Señora del Socorro en la iglesia de la Compañía de Jesús, cuya espléndida talla barroca se conserva en la actualidad. El monasterio de los basilios en el barrio del Alcázar Viejo está dedicado a Nuestra Señora de la Paz, de ahí que los monjes pongan bastante empeño en propagar la devoción a la imagen de este título que tiene una dinámica cofradía. Por último, los franciscanos de San Pedro el Real participan de lleno en la polémica inmaculista que se desarrolla en la ciudad durante la centuria del seiscientos y contribuyen de manera decisiva a difundir la advocación de la Limpia Concepción de Nuestra Señora.
ABC Córdoba