Con motivo de la entrega de la Medalla de Oro de la Ciudad y la colocación de la primera piedra de la futura Parroquia, el pasado 29 de septiembre a las cuatro de la entoldada tarde partía desde la Parroquia de San Miguel la imagen de Jesús Nazareno, en silencio y acompañado por una impresionante cantidad de fieles que se dieron cita.
Entre esporádicos cánticos religiosos del público que acompañaba este traslado, a paso lento y con largas paradas, la imagen fue avanzando en una tarde que a su paso, fue despejando en lo meteorológico, hasta la salida definitiva salida del sol que iluminó el rostro de la talla bien entrada la mitad del recorrido.
La Saeta Marchenera se dejó escuchar a lo largo del traslado vespertino, con su antiquísima raigambre y su sonido puro, de canto primitivo y hondo. De emoción y escalofrío fue oír de labios de una niña que tendría unos once años la entonación de una de estas piezas en un momento para el recuerdo, de los que nunca se borran y permanecen. Cuanta bella resulta al oído esta saeta en un tiempo en que el canto hecho oración ha degenerado notablemente, tanto por la calidad en su interpretación, como por los excesos cometidos en excesivos floreos y extensión del canto. Mucho recordó a quien estas líneas escribe a la saeta cantada en su localidad natal, la Saeta de Alcalá. Sepa Marchena conservar por siempre esta bellísima pieza de su patrimonio, tan intangible, de la perniciosa influencia de las modas imperantes.
La enigmática talla de Nuestro Padre Jesús Nazareno es obra anónima, encuadrable en el siglo XVII, de complicadísima atribución no solo al nombre de un autor, sino en cuanto a escuela y geografía de procedencia.
Personalmente tengo la impresión de que bien pudo haber sido obra de algún monje o autor desvinculado de taller alguno y que no solo puso en su labor devoción y empeño, sino también una interesante técnica ya que la talla amen de poseer unos valores devocionales notabilísimos, siendo una de esas obras que atrae al devoto y le sobrecoge en sus rasgos adustos, posee también una calidad artística más que notable en su modelado.
Sobre las siete de la tarde llegó la imagen de Jesús Nazareno al altar situado en los terrenos donde ha de acometerse la obra de la nueva Parroquia, lugar en que se procedió a la celebración de un Pontifical. A pesar del lento caminar del cortejo durante todo el recorrido, este llegó perfectamente a la hora señalada dando por sentada una notable previsión a pesar de la aparente lentitud. Ya entrada la noche, la imagen regresó nuevamente a su templo acompañado esta vez por los sones de la Centuria Romana de la corporación.
Remarcar solamente un detalle final, en este caso referente a las andas procesionales sobre las que se porta el impresionante nazareno. Estas como bien puede apreciarse en la fotografía, son una réplica inspirada en las que posee la imagen de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder de Sevilla. A pesar de resultar decorosas y optimas para cumplir su función, se antoja a servidor que la corporación marchenera debería hacer un pequeño esfuerzo económico e invertir en el diseño de un nuevo paso, más acorde con el carácter de su singular titular. Si por algo se caracteriza la talla de Jesús Nazareno es por ser única, personalísima e inconfundible entre todas las que representan este pasaje, y así deben opino debe ser el altar itinerante que porte a tan soberbia talla: debe verse reflejada la personalidad y carácter único de la imagen en ellas. Jesús Nazareno de Marchena solo hay uno, inconfundible y especial, por lo tanto el paso que porte tan destacable imagen debe ser también fiel reflejo de la joya devocional y artística que porta.
Rogelio Rubio Segura