lunes, 22 de octubre de 2007
Abrían paso entre la oscuridad. Zahones blancos, pelliza de cola azul, botas inglesas y yelmo de cerdas. Auténtica caballería armada que, entre melodías, aguardaba en la plaza de Los Jardines, esa que cada tercer domingo de octubre atesora tantas devociones hacia la Protectora de Dos Hermanas. La Virgen de Valme despertaba insólita minutos antes de la misa de romeros. Hacía más de 25 años que no veía a lanceros y convoyes uniformados, ni escuchaba sus inconfundibles timbres de clarines y timbales.

Amaneció, además, de estreno. Su pueblo no recordaba tal cendal. Un manto verde esperanza de tisú en oro, cubría su figura envuelta en un templete de papel rosado y blanquecino. El nazareno José Antonio Linero, bordó leones, flores de lis y castillos. Pellizcos rizados de más de cien mil flores también únicos para una carreta que sentía las manos de la familia López Jurado a cada paso. Olor a nardos y a rosas. A yuntas de bueyes que desfilaban de reata a la Virgen. «Ella es la razón de nuestra romería, no otra», enfatizaban los hermanos, que retoñan cada año una fidelidad que lleva tras de sí más de siete siglos y medio de historia.

Y Valme paseó por sus calles de siempre, por sus balcones de siempre. Desde Santa María Magdalena y la bulliciosa Botica, hasta la Venta las Palmas. Las trece carretas del cortejo dibujaban hileras de color, tuyas, buganvillas de papel e incluso, flores de tela. Les tocaba ahora enfilar la carretera vieja. Caballos, jinetes y flamencas cubrían el camino desde la Dehesa de Doña María y Los Frutales hasta Los Merinales. Rezo del Ángelus a mediodía en Barranco y regueros de jaleo a lo largo de los siete kilómetros que separa Dos Hermanas de Bellavista. Caminaba de nuevo ágil, por segundo año consecutivo. Ya lo advirtieron los responsables de seguridad. «Será la Virgen quien marque, una vez más, el ritmo y el itinerario». Y así fue. A pasos agigantados, la
Señora fue avanzando como hiciera en la década de los 70.

Respetando los horarios y sin los tropiezos propios de una romería desordenada como años atrás. Eso sí, con mucho más gentío y excesivo calor. Le restaba aún la senda por la plaza de Fernando IV, Guadalajara, Asencio y Toledo, y el cruce de la Carretera Sevilla-Cádiz. La Señora alcanzó poco antes de la una y media de la tarde el pasaje que le acercaría a la Ermita de Cuarto.

Una vez llegada al santuario, fue descendida de su carreta y escoltada hasta su interior para ocupar el altar presidencial. Desde allí, velaba por la presencia de cientos de romeros que habían decidido verla descansar al tiempo que los predios de Cuarto recibían los sabores tradicionales de la fiesta y el acampar de familiares y amigos. También las colleras reposaban. Sabían que el inicio del Santo Rosario de las cinco y media rompería la quietud anunciando el regreso a la ciudad. Tocaron las seis y el cortejo fue dejando Cuarto.

De vuelta

Eran los vítores a Valme los que anunciaban el camino de vuelta. Faroles encendidos alumbraban la carreta de la Virgen. Muchos decidieron permanecer en Cuarto entrada la tarde, mientras el resto de fieles acompañaban a la Protectora desde el cruce de la autovía hasta la Avenida de la Libertad. Llegaba al casco de la ciudad entorno a las nueve y se adentraba por sus calles, entre Lope de Vega y Aníbal González.

Tan sólo hubo que lamentar el hecho de que un Policía Local resultase herido cuandos e encontraba regulando el tráfico al regreso de la romería. Se desconocen las causas del suceso.
A medianoche y ya en la Plaza de la Constitución, los nazarenos aguardaban su entrada y el regreso de Valme al altar mayor de Santa María Magdalena, desde donde despedía el domingo más grande de Dos Hermanas.

ABC Sevilla
Publicado por nazarenodelaO @ 14:51  | Sevilla
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