La procesión de la Patrona de Granada, la Virgen de las Angustias, atrajo a multitud de granadinos, visitantes y vecinos de localidades de la provincia y de otras un año más. El cortejo fue largo y de nuevo volvió a unir el inicio con el momento de la salida de la Virgen, a las seis y media de la tarde. Las andas de la Patrona marchaban por la plaza del Campillo cuando ya bajaba la cruz parroquial por Puerta Real. El cambio de itinerario de estos últimos años ha hecho posible que no se agolpara toda la gente en el punto en el que antes lo hacía, a la altura de Puerta Real.
La procesión discurrió por la plaza del Campillo, Mariana Pineda y calle San Matías, por lo que el inicio del cortejo podía bajar más suelto por Mesones, Puerta Real y Carrera del Darro.
Miles de personas. Una masa imposible de calcular presenció la procesión en el último domingo de septiembre llenando las calles y plazas por las que discurrió y vitoreando a la imagen de la Patrona. Desde las seis y media cuando la imagen se presentó en la puerta de la Basílica, hasta su regreso no dejaron de aplaudirla los granadinos y lanzarle vivas y piropos que se reiteraban por todo el itinerario lleno de fieles y devotos de la Virgen de las Angustias.
En la Carrera, muy próxima a la Virgen, Eugenia llevaba esperando ya un par de horas el paso de la procesión. Nos había dicho que había llegado por la mañana a Granada. Venía de Órgiva y «son varios los años que no he podido venir porque tenía a mi padre enfermo y tenía que cuidarlo». El padre murió en la primavera pasada «y si Dios quiere, nunca más faltaré a ver a la Virgen». Eugenia nos recordaba que hace años venía en el autobús de línea desde su pueblo con sus hermanos y sus padres. «Ahora vengo con mis nietos porque sus padres están trabajando hoy. Pero ya no faltaré mas».
Como ella, eran cientos los vecinos de otros lugares los que buscaban con sus ojos la imagen de la Patrona. Las campanas volteando, la palma real, los aplausos y los «vivalavirgendelasangustiassss» se repetían constantemente en medio de la profunda emoción de muchos granadinos. Siete bandas de música ponían especial sentido a la procesión. Algunas con sus vistosos uniformes hacían más ameno el amplio cortejo que llevó a tener que esperar la presencia de la imagen durante varias horas.
Con sus mejores galas
En la plaza del Campillo y Embovedado un mar de cabezas se perdía en la presencia de la imagen. Marta García, una joven de no más de quince años, se empinaba para poder ver algo. «Mejor vengo mañana y la veo en la iglesia». Otro joven a su lado decía que «no es lo mismo porque allí está todo el año y ahora es el único día que la vemos tan cerca». Bueno, tan cerca no estaban pero al menos alcanzaban a ver la cruz y algo de la corona de la imagen. «En el regreso estaremos más sueltos de gente y a lo mejor nos acercamos mas». No se equivocarían porque después de la salida de la imagen los llegados desde lugares más retirados emprendían su camino de regreso a sus lugares de procedencia.
La imagen iba vestida con su habitual manto, el que le regaló el pueblo en 1889, y su corona de la coronación, realizada en 1913. El bastón de mando, condecoraciones y adornos que los granadinos han puesto a sus plantas no podían eclipsar el brillo de la Virgen que levanta pasiones a su paso. «¿Una vela para la Virgen¿», repetía una señora que aún se empeñaba en venderlas cuando el paso de la Patrona ya estaba en la plaza de Mariana Pineda. Estaba cerca la Virgen y detrás, iba toda la comitiva religiosa y cívica.
El arzobispo, monseñor Francisco Javier Martínez, repartía abrazos, saludos y un poco de conversación entre las personas que veían a la Virgen. Vestía de 'filetata' (sotana violeta y roquete blanco), llevando en el pecho la insignia de horquillero de la Virgen. Junto a él, el Vicario General de pastoral, Blas Gordo; el delegado de medios de comunicación, José Carlos Isla y diversos miembros de la parroquia y de la Curia Eclesiástica.
Seguían en el cortejo los miembros del cuerpo de palieros de la Virgen de las Angustias portando el tradicional palio. Son hombres procedentes del gremio agrícola y de hortelanos de zonas próximas a la vega granadina. El movimiento del mismo permitía proteger a la Virgen de cohetes, cables y algunos letreros luminosos. Marchaban después, las representaciones con guión de la cofradía de Jesús Cautivo, la Archicofradía de la Virgen del Rosario, la hermandad de las Angustias de Guadix y la de Santa María de la Alhambra.
El alcalde de Granada, José Torres, por quinto año consecutivo iba en la presidencia cívica del cortejo, junto con miembros de su equipo de gobierno y del equipo socialista, precedidos de los porteros de la ciudad y mazas. También estaban presentes distintas representaciones de estamentos de la ciudad, muchos de los cuales han asistido en los días previos a las celebraciones religiosas del mes de septiembre en la basílica. Diputados provinciales, nacionales y del TSJA precedían a la representación real en la personal de teniente general Manuel Ramón Bretón, máximo responsable del Madoc. Cerraba el cortejo la banda del Ejército, Soria 9, de Sevilla.
La Virgen, en Pasiegas
A las nueve y media de la noche las campanas de la Catedral anunciaban la presencia de la Virgen de las Angustias en su entorno. En Pasiegas la gente se arremolinaba junto a las filas de fieles, hermanas cofrades y horquilleros para verla pasar por este lugar tan significativo en numerosos actos religiosos, sociales y culturales de nuestra ciudad. Las palmas nuevamente la recibieron al entrar en la plaza y con la Catedral totalmente iluminada. La angostura de esas calles dejaba ver a la Virgen más próxima. Por Gran Vía o Reyes Católicos el cortejo marchaba con orden y bien presentado pero en las calles más estrechas se rompía esa uniformidad y la gente deseaba acercarse al paso. Se veían escenas emocionantes.
Las camareras de la Virgen marchaban tras el manto, sujetándolo de sus cordones morados y a ellas le pedían los fieles que pasaran por el manto pañuelos, medallas y diversos objetos de recuerdo y veneración. «Es para mi niño, es para mi niño», decía una joven madre que se había podido acercar con una medalla. «Es que lo bautizamos hace poco y quiero que lleve la medalla de la Virgen». Pudo ver cumplido su deseo.
Palma real
El himno de la Virgen fue cantado en varios lugares del recorrido. Una palma real recibió a la Virgen en la plaza del Carmen y otra en Pasiegas. La megafonía en la Carrera o en las Pasiegas invitaba a la oración. Se cantaba en homenaje a la Virgen y se rezaba para pedir por los enfermos, por los faltos de atención y por los más desfavorecidos. Por la calle Mesones pasa el paso de la Virgen con mayor lentitud. Es difícil acomodarse a la estrechez de la calle y el hermano mayor, Manuel Serrano, se fijaba en todos los detalles para que traspasara esta zona con elegancia y solemnidad. En la hermandad sacramental de la Virgen de las Angustias es el hermano mayor el que manda el paso procesional en nombre de toda la hermandad. Es así de tradicional. Como lo es la custodia del paso por la Real Maestranza de Caballería con sus vestimentas azules y plata que recuerdan el voto Inmaculista que realizan.
Pasadas las once de la noche regresaba a su Casa la Virgen de las Angustias.
Con las puertas cerradas se esperó la llegada de la imagen que iba rodeada de sus horquilleros. Algunos más de quinientos se fueron turnando en catorce tandas para portarla. Debajo de la Virgen caben treinta y ocho horquilleros cuyos sitios se marcan en unas alfombrillas rojas mediante números. Cada uno de los mismos lleva escrito en una tarjeta el lugar donde debe cogerla. Es un sistema muy antiguo de sorteo que ahora se hace ya mediante ordenador. Pero se mantiene la esencia. Cada uno tiene su lugar preferido para llevarla o recuerda el año que le tocó sacarla o regresarla a su Basílica. Ahora, era el momento en el que los 38 de la tanda número catorce debían depositarla nuevamente en el presbiterio del templo. Allí quedará hasta que el martes próximo se suba a su camarín nuevamente.
Diario Ideal