martes, 25 de septiembre de 2007
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Aún no había amanecido cuando las puertas de San Lorenzo se abrieron para dar paso a un cortejo que presidía Nuestra Señora de los Dolores. Se celebraba el rosario de la aurora de la hermandad del Descendimiento. La ciudad dormía y las calles aún no recibían el bullicio de la gente. Sólo unos cuantos acompañaron a la Virgen de los Dolores por la feligresía.

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Se despedía así el verano. Eran las últimas horas del estío. Y el sol no quiso perderse a la Madre de Dios de los Dolores por las calles de Cádiz. Con sus mejores galas y sobre un paso de madera oscura exornado con flores rosas, iba la Virgen de los Dolores. Fue este el último acto con el que su hermandad del Descendimiento cerraba la celebración de su festividad.

Fotografías: Alejandro Pagés

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Publicado por nazarenodelaO @ 0:32  | Cádiz
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