Desde temprana hora de la mañana, antes de que diese comienzo la primera misa en la Basílica y Santuario de Santa María de la Victoria, a las nueve de la mañana, todo estaba listo. Algún hermano se había pegado un buen madrugón para que no faltase detalle alguno en el besamano de Nuestra Señora de la Caridad desde que las puertas del templo se abriesen.
La Virgen de la Caridad se dispuso delante del bello altar que su hermandad montó para estos cultos, y en el lugar que la Virgen había ocupado se colocó el sillón de reina.
No faltó tampoco en esta ocasión el detalle de la música de fondo, donde nuevamente sonaron interpretaciones de capilla musical. Así como las estampitas recordatorios de este besamano que pronto se agotaron y que hicieron que hasta algún miembro de la corporación se quedara sin ella.