domingo, 19 de agosto de 2007
Hubo una hora del pasado Jueves Santo en la que creíamos que todo se había consumado. La tarde de color Eucaristía, blanca, lechosa, tachonada de la transparencia gris de la lluvia le echó los cerrojos a las Iglesias desde la primera hora.

La gente transitaba por las calles sin saber muy bien a dónde dirigirse. Era un día sin Semana Santa en esta que para Pepín Tristán fue su primera Semana Santa sin cofradías. Le pasó la batuta a su hijo José Manuel en noviembre pasado sabedor de que el peso de los años, no demasiados todavía, cargaba implacable sobre su enfermedad. Inició tras la procesión de la Reina de Todos los Santos una ronda de despedidas. Le dijo adiós a su traje azul aquel domingo de noviembre en la calle Feria, abrazó a sus amigos en el homenaje que en marzo su hijo, Víctor García Rayo y Fiestas Mayores le organizaron en el Lope de Vega y tenía previsto volver a ponerse su traje azul, como así ocurrió, para saludar a una Maestranza puesta en pie -ésa que este 15 de agosto le guardó silencio- tras escuchar su último pasodoble. Pero de la Semana Santa que tanto le dio y a la que tanto dio ¿cómo se despediría? ¿Cómo le diría adiós? ¿Con qué marcha? Podía ser tras su Virgen del Subterráneo mientras en la Campana sonaba Turina, o en la trasera del palio de San Vicente al regreso por la calle de los naranjos marcando el paso al ritmo de una triste melodía de Pantión.

Hubiera querido escuchar el Martes Santo, pero no pudo, las marchas de Gámez Laserna, de los Font o la nueva de Manolo Marvizón con la Virgen de los Dolores de Santa Cruz tal y como solo la sabe tocar su Banda de Tejera. Despedirse en la oscuridad de Zaragoza con Montserrat y la marcha de Pedro Morales también hubiera sido hermoso.

El Jueves Santo llovía, por lo que decir adiós tras la Virgen del Valle se antojaba casi imposible. Pero el cielo no iba a estropear ese emocionante paseíllo que se presagiaba. Así que casi sin darnos cuenta, con la tarde metida en nubes blancas, una claridad rotunda azul celeste golpeó la puerta de la Anunciación para que saliera El Valle. Él estaba allí con su banda, venía vestido de abrigo para una noche de lluvia y aguardaba con los oídos bien abiertos para escuchar una vez más la marcha de Gómez Zarzuela. Al llegar al Duque su hijo le cedió la batuta para que dirigiera la formación tras el palio grana y oro que este año pasó por la Campana como antiguamente, a su aire, a contracanto de las notas de la marcha. Ahí le echó esta foto Jesús Martín Cartaya.

José Tristán sabía que era la última vez que pasaba por Campana. Por eso lloró como un niño. En la cola del manto un hombre lloraba más que la Virgen. En un Jueves Santo que amaneció imposible uno piensa si no sería que la Virgen del Valle salió a la calle a llorar esmeraldas para que Pepín le tocara por última vez su marcha.

José Cretario
ABC Sevilla
Publicado por nazarenodelaO @ 12:36  | Sevilla
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