El sol comenzaba a caer sobre la Alameda y los fieles se acercaban hasta este magnífico balcón de la Bahía para ver de cerca de la Reina del Monte Carmelo. En el Baluarte de la Candelaria, la cuadrilla de hermanos cargadores dirigidos por el capataz Manuel Ruiz Gené se preparaba para la salida procesional de la Virgen. Todos, vestidos con camiseta blanca, pantalones y zapatos blancos. Sin embargo, la mala suerte quiso hacer acto de presencia en el día de la festividad del Carmen y uno de los cargadores -Ramón Fernández Ruiz- se cayó de la escalera cuando encendía las velas del paso. El cargador tuvo que ser trasladado hasta un centro hospitalario para enyesar una muñeca rota.
En el interior, desde las siete de la tarde se celebraba la tradicional misa. Fuera, la banda municipal de Rota afinaba sus instrumentos y la agrupación musical Sagrada Cena llegaba desde el Paseo de Carlos III. La agrupación estrenaba los bordados del guión finalizado. Cuarenta minutos más tarde, la puerta de la parroquia de Nuestra Señora del Carmen se abría para dejar paso a la cruz de guía de la cofradía. Detrás, numerosos devotos, sobre todo mujeres, que vestían el escapulario de la Virgen del Carmen.
Curiosamente, cuando salió la cruz de guía, la agrupación musical de la Sagrada Cena se quedó detrás, teniendo que incorporarse para abrir el cortejo cuando la cruz de guía llegó a la calle Bendición de Dios. Tras los devotos, el simpecado de la Virgen, el guión de los Caballeros Hospitalarios, una representación de hermanos, el guión de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Paz acompañado por algunos de sus hermanos y la Hermandad del Prendimiento.
Tras ellos, el hermano mayor de la Cofradía de El Caído, Pedro Pablo Reynoso, el capitán de navío Joaquín Alcusa, el hermano mayor de la archicofradía, Manuel Cotorruelo, el todavía presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías, Rafael Corbacho, junto a los miembros de La Permanente y el recién nombrado concejal José Macías en representación municipal.
A las 19.50 la Salve Marinera comenzó a sonar en el interior del templo carmelita mientras salía el obispo de Cádiz y Ceuta, monseñor Antonio Ceballos Atienza, acompañado por el arcipreste de Intramuros, el padre Rafael Fernández, y el prior del templo, el padre Eugenio Mas Lacave, acompañado por el resto de miembros de la Orden Seglar.
Cinco minutos más tarde salía la Virgen en el paso de Nuestra Señora de los Desamparados de la Cofradía de El Caído a los sones de la Marcha Real. Después, y tras la maniobra de salida, el capataz Manuel Ruiz Gené dirigió el paso de sus cargadores hacia la Alameda mientras sonaba la marcha Coronación de la Macarena.
Hacia el centro
Los devotos comenzaron a ocupar toda la Alameda hasta la calle Calderón de la Barca. Casi una hora después, la Virgen del Carmen llegaba a la plaza de Mina. El callejón del Tinte era un hervidero que se abrió en la plaza de San Francisco. En la puerta del convento franciscano, una gran imagen de Nuestra Señora del Carmen. Y en la puerta de la iglesia de San Francisco, los tres guiones de las hermandades que tienen actualmente su sede canónica en el templo: Nazareno del Amor, Vera-Cruz y Medinaceli. Los hermanos mayores (Diego Gómez, Francisco Jiménez y Francisco Hernández respectivamente), esperaban la llegada de la Señora. Entonces, la banda municipal de Rota comenzó a entonar la marcha Soledad franciscana, dedicada a Nuestra Señora de la Soledad de Vera-Cruz y escrita por el maestro Escobar.
El camino de la Virgen a Santo Domingo siguió por la calle San Francisco para estar, a las 21.45, en la plaza de San Agustín. Al llegar a la calle Nueva, los cargadores llevaron a la Virgen al compás de los sones de la marcha Palma Coronada. En ese momento, la comitiva de Santo Domingo, encabezada por la cruz parroquial, y compuesta por la mayoría de las hermandades de Santa María, salió a recibir a la calle Plocia a la Virgen del Carmen y a la comitiva que la acompañaba.
En Santo Domingo
A las 22.30 horas Nuestra Señora del Carmen entraba en la calle Plocia en dirección a Santo Domingo. Un momento histórico. La Virgen regresaba a su templo de origen 240 años después. En el interior de la iglesia conventual, el padre dominico Pascual Saturio ordenaba a los fieles que se encontraban en el edificio sacro a la espera de la entrada de la Señora. A las 23.15 el paso de Nuestra Señora de los Desamparados entraba en Santo Domingo teniendo como testigos a decenas de gaditanos, entre ellos, al pregonero de la Semana Santa de 2007, el padre Marco Antonio Huelga.
Cuando la imagen de la Virgen sobrepasó el dintel, una voz de un devoto gritó «¿Viva la Virgen del Carmen!». A lo que todos respondieron «¿Viva!», sucediéndose los piropos de guapa o Reina del Carmelo. El padre Pascual Saturio también gritó vivas a la Virgen del Carmen y «a la Virgen del Rosario. A la patrona de nuestra ciudad». Después, el coro de El Carmen, dirigido por Luis Manuel Rivero, comenzaba a entonar la Salve en la que, para esta ocasión, habían introducido una estrofa dedicada a la Virgen del Rosario.
Posteriormente, cuando ya la Virgen del Carmen y la del Rosario estaban mirándose a la cara, el padre Pascual Saturio leyó un documento en nombre de los dominicos en el que prometían «custodiar fiel y amorosamente este depósito hasta el día 20 de julio». El escrito fue bendecido por el obispo y firmado por el prior de los carmelitas, fray Eugenio Más Lacave, y el hermano mayor de la archicofradía del Carmen, Manuel Cotorruelo.
Al finalizar la rúbrica, el coro de El Carmen entonó el Himno de la coronación. Este fue uno de los momentos más emotivos de la noche. La mayoría de los devotos del Carmen cantó junto al coro el estribillo del himno, rompiendo en un fuerte y caluroso aplauso cuando finalizó.
En ese momento, la Virgen del Carmen ya miraba para la calle Compás de Santo Domingo a la espera de ser ubicada hasta el viernes en el presbítero («el altar de la patrona», como puntualizó el padre Saturio). El templo permanecerá abierto hasta el viernes de 10 a 13 horas y de 18 y 21 horas.
Hoy, a partir de las 20.30 horas, se celebrará una conferencia histórico-artística a cargo del sacerdote dominico Vicente Díaz Rodríguez, titulada La iglesia de Santo Domingo, cuna y origen de la devoción carmelita en Cádiz.
La Voz