martes, 17 de julio de 2007
Carmen y Rosario. Rosario y Carmen. Las dos devociones marianas de una ciudad, cara a cara. La imagen que anoche se vivió en Santo Domingo será difícil de borrar de la mente de los gaditanos, y difícil también de que se vuelva a repetir. La Virgen del Carmen llegó a la iglesia de Santo Domingo a la hora prevista (once de la noche), entró de frente y se dirigió al altar mayor, presidido por la Patrona de la ciudad, que vestía un terno azul.

Desde que la titular carmelitana cruzó el dintel de Santo Domingo, las ovaciones en el interior del templo se fueron sucediendo. "¡Viva la Virgen del Carmen, viva la Virgen del Rosario!", exclamó el prior de los dominicos, Pascual Saturio, mientras que el coro Virgen del Carmen entonaba la Salve compuesta por Luis Rivero, a la que añadieron unos versos dedicados a la Patrona.

Las comunidades de carmelitas y dominicos firmaron el documento de la entrega de la Virgen del Carmen a estos últimos, 246 años después de que saliera del templo. La bendición del obispo, Antonio Ceballos, que acompañó a la Virgen hasta Santo Domingo, y la interpretación del himno de la coronación, Cádiz del Carmen, puso el punto y final a una histórica jornada, previa de los días tan especiales que quedan por delante para los cofrades de la ciudad.

Pero la tarde comenzó tres horas y media antes, a las siete, con la eucaristía previa a la salida. A esa hora, mientras el hermano mayor de la cofradía del Carmen y el prior de los carmelitas, Eugenio Mas Lacave, esperaban la llegada del obispo para participar en la procesión, el capataz de la Virgen, Manuel Ruiz Gené, daba las últimas instrucciones a los cargadores que componían las dos cuadrillas, una alta y una baja, que portarían a la imagen.

Un hermano de la corporación, Ramón Fernández, sufrió una caída mientras encendía los candelabros del paso de la Virgen y tuvo que ser trasladado al hospital, con una fractura en el brazo izquierdo y una conmoción fruto del golpe, aunque afortunadamente después pudo incorporarse al cortejo.

A las siete y media en punto, las puertas del Carmen se abrían, comenzando la procesión de alabanzas hasta Santo Domingo, con un cortejo que al salir a la Alameda se olvidó del acompañamiento musical de la agrupación Sagrada Cena, que tuvo que pasar por medio de los primeros hermanos para situarse delante de la Cruz de Guía.

Representaciones de los Caballeros Hospitalarios, que días pasados entregaron a la Virgen el título de Dama Hospitalaria de esta institución, y de las cofradías de Borriquita y Prendimiento participaron en la procesión. También asistieron varios miembros de la actual permanente del Consejo, con Rafael Corbacho al frente, el hermano mayor del Caído, Pedro Reynoso (que ha cedido el paso de Desamparados para las procesiones de ayer y del próximo viernes), así como el subdelegado de Defensa, Joaquín Arcusa, y el concejal José Macías. Tras ellos marchaban Manuel Cotorruelo, la comunidad carmelita, el arcipreste de Intramuros, Rafael Fernández Aguilar, y el obispo.

Como cada año, Coronación de la Macarena fue la primera marcha en la calle -y la última al llegar a Santo Domingo- después de que en el interior del Carmen la banda de música Maestro Enrique Galán, de Rota, tocara la tradicional Salve Marinera mientras el paso se dirigía a ruedas hacia el dintel.

No era excesivamente numerosa la presencia de público en la Alameda, aunque sí fue aumentando por las calles del itinerario conforme avanzaba la tarde. Muchos vecinos respondieron a la llamada de la cofradía y exornaron sus balcones con colgaduras y otros elementos decorativos, como unas redes con remos que colgaron en uno de los cierros de la plaza de Mina.

Al igual que ocurriera en el mes de abril, la Virgen del Carmen abandonó ayer su iglesia. La espera de los vecinos del Mentidero se hará eterna, hasta la noche del domingo, aunque cuando regrese de nuevo al templo de la Alameda, ya será Carmen Coronada.

Diario de Cádiz
Publicado por nazarenodelaO @ 11:53  | Cádiz
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios