La procesión del Corpus de San Miguel recorrió ayer un barrio que fue un año más el mejor e imprescindible marco para esta convocatoria sacramental marcada por una singular y exquisita impronta cofrade. Ayer se cumplió medio siglo de la fusión de la hermandad de penitencia con la sacramental de la parroquia, hecho que supuso un gran paso hacia delante para poder disfrutar de lo que en la actualidad es una cita ineludible para muchos que ven en La Minerva, como es conocida popularmente, su procesión de Corpus.
A lo largo de estos cincuenta años se ha consolidado una procesión con unas formas y estilo marcados por el carácter de la propia cofradía y de las aportaciones, siempre justas y medidas, que han venido haciendo los diferentes dirigentes que han pasado por la corporación. La procesión es también una magnífica oportunidad para poder deleitarse con el altar de insignias que posee esta hermandad así como de sentirse partícipes de una manifestación de fe que se ve engrandecida por los ingredientes que nacen de la sabiduría cofrade que radica en San Miguel.
El templo sigue en obras lo que provocó un cierto trastoque de la rutina ya que los pasos se montaron en la casa de hermandad y se trasladaron a la iglesia media hora antes del inicio de la misa solemne que precede a la salida procesional, la cual se produjo poco después de las diez de la mañana para pisar los primeros metros de las alfombras multicolores plantadas en la calle San Miguel. Por delante, la mesa del palio adaptada para llevar un año más la imagen de Nuestra Señora de los Reyes, rodeadas de rosas y con la música de Nuestra Señora de las Angustias de Sanlúcar la Mayor. Bajo las andas una cuadrilla a cuyo frente estuvo Toni García Falla. Cerrando el cortejo y también por costaleros, mandados por Paco Yesa, el paso del Rosario de los Montañeses bajo cuyo magnífico templete se colocó un año más la custodia de Juan Laureano de Pina con el Santísimo.
Una de las novedades este año fue la presencia de la banda que tocó tras Jesús Sacramentado. Dado que Julián Cerdán no podía acudir a esta cita, la hermandad contrató a la Asociación Astigitana de Écija cuya calidad no desentonó con el nivel musical acostumbrado en esta procesión. El recorrido fue el de siempre con momentos que nos ofrecen estampas únicas que tan sólo pueden regalar un barrio y una procesión singulares. Es la simbiosis perfecta entre la armonía cofrade y la aportación popular en forma de pequeños altares en casapuertas y ventanas; colgaduras, macetas, flores y alfombras que cambiaron un año más la fisonomía de calles como Berrocala y Santa Clara. Con un tiempo no habitual para estar en junio, nubes y sol se alternaron en una mañana fresca pero intensa por el barrio de San Miguel.
Diario de Jerez