La procesión del Corpus Christi se ha convertido en un fenómeno extraño. Casi todo el mundo reconoce que ha perdido empuje y solemnidad, pero poco se hace a lo largo del año para mejorarla. Sólo un mes antes se comienzan a debatir los preparativos. Este año, en cambio, puede ser el punto de inflexión, de un nuevo comienzo. Se aprecian signos de cierta mejora, pero queda mucho camino por hacer. Y no sólo en sentido figurado, porque el recorrido de la custodia y su cortejo se ha reducido a la mínima expresión. Salir, bajar por la calle Larios y subir por Molina Lario. Y se acabó. Casi termina antes de empezar.
A las 9.30 horas de la mañana comenzó una misa solemne en la Catedral, presidida por el obispo de Málaga, Antonio Dorado Soto, en compañía de los sacerdotes de la diócesis. Una celebración que, además de la importancia que tiene por la festividad del Corpus, también fue muy emotiva por ser la última del actual prelado, que vive sus últimos días como responsable de la diócesis.
Mucha gente en la Catedral y mucha presencia de los cofrades, tanto de Pasión como de Gloria, que integran en su gran mayoría, y junto a los grupos de Adoración Nocturna, el cortejo que acompaña a la Sagrada Custodia.
La Banda de Cornetas y Tambores del Real Cuerpo de Bomberos fue el encargado de abrir el cortejo. El recorrido era sencillo y corto: Patio de los Naranjos, Duque de la Victoria, plaza del Siglo y del Carbón, un tramo de la calle Granada, plaza de la Constitución, Sancha de Lara, Molina Lario y plaza del Obispo. Apenas una vuelta por el Centro que produce el extraño efecto de producirse la llegada de los primeros componentes del cortejo mientras la custodia entra en la plaza de la Constitución.
Mientras se empieza a hablar cada vez con más insistencia de crear una comisión que trabaje durante todo el año en organizar la procesión, ayer se apreciaron detalles que invitan a ser optimistas respecto al futuro. En concreto en el caso del clero, vestidos con casulla blanca en su gran mayoría y con los seminaristas, sin alba, pero con una ropa más seria y adecuada a la importancia de la celebración que en otros años. Destacaron los canónigos de la Catedral, que por fin han recuperado el hábito coral para acompañar a Nuestro Señor en la custodia. Queda así recuperada en parte la imagen de importancia y dignidad de esta festividad para la Iglesia.
La Banda Municipal de Música interpretó un notable, pero escaso, repertorio de marchas eucarísticas, como `Altare Dei´ o `Triunfal´. En esta ocasión, se tuvo cuidado de que los cantos del pueblo y las marchas no coincidieran. Sin embargo, un recorrido tan corto limitó mucho el número de piezas interpretadas.
La decoración de las calles nos dejó elementos muy destacados, como la recuperación del toldo en la calle Larios, como ya se hiciera en 1989, y los reposteros en algunas casas. Siguen faltando altares. Había ocho, de distinto tamaño, pero todos con gran cariño. Al paso de la custodia, se tocaban las campanas. Llamaron mucho la atención los altares instalados por la Sentencia, la cofradía de Jesús de los Niños (San Andrés), Humildad y Paciencia y los Remedios, así como la Virgen de la Encarnación, que llegó el sábado por la tarde en procesión.
El altar de la plaza de la Constitución, montado por las cofradías de Pasión, estuvo presidido por la imagen de Jesús de la Sagrada Cena, tal y como ocurrió hace 18 años. Decorado con flores blancas, recibió la custodia con cantos del coro litúrgico de la cofradía de la Misericordia, así como con la lectura de algunas reflexiones sobre la Eucaristía y donde los pensamientos del beato Don Manuel González estuvieron presentes.
La bendición al pueblo se realizó en la escalinata de la Catedral, en un altar montado por la Adoración Nocturna con una imagen cedida por la cofradía del Monte Calvario de San Francisco de Paula, del que se cumple el 500 aniversario de su muerte. El obispo dirigió antes de la bendición unas palabras a los fieles, en las que destacó la necesidad de "profundizar en la celebración de la Santa Misa, donde la Palabra de Dios ilumina nuestros actos de cada día". Además, animó a promover la adoración eucarística en las parroquias y a difundir "el amor generoso y gratuito que brota de la Eucaristía". Tras la bendición, se celebró otra misa en la Catedral.
La Opinión de Málaga