La festividad litúrgica de Jesús Sacramentado, celebrada ayer, crea un hilo invisible entre el Corpus del Jueves y las procesiones eucarísticas que se celebran en los barrios de Sevilla, que, con ello, reivindican sus peculiaridades y sus más íntimas esencias religiosas.
Ayer, casi quince procesiones con el Santísimo recorrieron las feligresías de la ciudad, destacando, por su tradición y sus características el Corpus Chico de Triana y la Sacramental de la Magdalena. Ambas comenzaron a salir alrededor de las 10 de la mañana de un día seminublado en el que las livianas temperaturas permitieron disfrutar de las procesiones.
Con estos dos Corpus a cada lado del río parecen reproducirse otras dos formas de entender una procesión eucarística. En la Magdalena, sin bullas ni aglomeraciones, pudo verse la procesión cómodamente, como siempre. Encabezada por la Cruz parroquial de las campanillas, el Dulce Nombre de Jesús tallado por Jerónimo Hernández y que estrenaba este año la restauración del baldaquino de Gonzalo Bilbao y que con esta actuación ha perdido su característico cimbreo; la Inmaculada y la Custodia, el cortejo volvió a dar lecciones de clasicismo, elegancia y recogimiento.
Enfrente, cruzando el puente de Triana se repitieron las escenas de devoción, pero marcadas por el fervor popular. Las calles del arrabal, con mantones adornando los balcones y con altares a lo largo de un recorrido que permanece prácticamente igual desde 1630, recibieron alborozadas y espontáneas el cortejo que cada año organiza la Hermandad Sacramental de la Esperanza de Triana, con sus cuatro pasos del Niño Jesús montañesino, San Juan, la Inmaculada y la Custodia barroca de Andrés Ossorio y acompañados por las tres bandas de la Hermandad.
ABC Sevilla