La celebración ayer de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo empezó a marcar matices diferenciadores con lo que ha venido siendo en los últimos años gracias a las iniciativas que se han aplicado fundamentalmente en una procesión muy participada, amplia y especialmente lucida gracias a la presencia de pasos como los de la Virgen del Sagrado Corazón que aportó la frescura y juventud del centro educativo de la que es titular la imagen así como las andas con San Francisco de Paula a iniciativa de la hermandad de La Soledad como signo de celebración del medio milenio del fallecimiento, curiosamente el Viernes Santo de 1507, del fundador de la orden de Los Mínimos, originarios residentes de la iglesia de la Victoria, además de la excepcional presencia de la Virgen del Socorro en un altar y de Madre de Dios de la Misericordia en otro, que ofrecieron una imagen inédita y sorprendieron de forma especial al ir vestidas de gloria. Si estas incorporaciones se pueden entender como circunstanciales, la consolidada del misterio de la Sagrada Cena aportó un año más el gran brillo cofrade de una jornada que tiene que significar en su conjunto un intento serio por engrandecer el Corpus y no sólo en la salida procesional que seguirá siendo en domingo con las dificultades que entraña entrar en competencia con la playa. Como eso no tiene remedio, al menos en Jerez, el esfuerzo por llenar de atractivos el entorno de la celebración se multiplicó con la instalación de altares a lo largo de un recorrido que pese a ser circunstancial por las obras de la calle Larga, gustó por ser un trazado más íntimo, menos abierto y más entonado con el Jerez histórico aunque ello presentó el problema de tener espacios abiertos suficientes y emblemáticos como Lancería o Larga. Sin embargo, la opción de Arenal y Consistorio fueron un descubrimiento tanto por su belleza como por los ‘adornos’ que lució especialmente esta última con las alfombras de flores, altares y el pórtico de pino bajo el que pasó el Santísimo.
En gran medida también se ha paliado la ambientación general y la concienciación en torno a la importancia litúrgica del día con unos previos y un después que centró la atención de centenares de personas que no se perdieron una mañana de traslados a la Catedral y una tarde noche de regresos con La Cena y San Francisco de San Paula. En definitiva, aunque no al ciento por ciento como se hubiera deseado, el trabajo de la Unión de Hermandades tuvo ayer su reflejo en las calles gracias a la labor de coordinación e implicación de un determinado grupo de hermandades que es su número tendría que ser más explícita, especialmente las que incluyen el título de sacramental más obligadas a impulsar el culto al Santísimo. Si ayer fue el último Corpus por la tarde -cuestión que está aún en ‘cocina’-, esta intención se sabrá conforme cuajen las conversaciones. La procesión es competencia del Cabildo Catedral aunque sean las cofradías y el organismo que las representa las que estén abanderando su recuperación. Una popularización más que deseada, obligada para que los nostálgicos vayan dejando de lado lo que sin duda fue un pasado brillante a favor de un presente y un futuro adaptado a los tiempos pero rescatando el esplendor de la celebración eucarística de la que antaño hacía gala el Jerez católico.
La mañana y la tarde fue calurosa pero no tanto. El levante dio tregua y pese a estar en pleno junio, el clima no fue un impedimento serio como para perderse la presencia del Jesús Sacramentado por las calles. A pesar del sábado tan anómalo con lluvia incluida, el sol brilló en la procesión del Corpus. Los previos a la procesión llenaron la Catedral con la misa de pontifical que presidió el obispo diocesano con un rum rum de fondo entre el ir y venir de organizadores, estandartes de hermandades y algún que otro despistado, con móvil sonando incluido, que no hicieron más que molestar el recogimiento propio que merece la celebración. En esto habría que ordenar y prever para evitar tanto jaleo, dentro y fuera. Los primeros tramos empezaron a echarse a la calle por la puerta principal mientras que se preparaba la custodia para recibir al Santísimo. Al principio, el ambiente más bien corto. Nos situamos alrededor de las siete de la tarde, una hora temprana para convocar masas. En esto, la mañana ganaría muchos enteros. San Francisco de Paula, la Virgen del Sagrado Corazón, San Juan Grande, La Cena y la custodia fueron marcando los tramos en los que se dividen el largo cortejo, siendo el más participado el que integraba las representaciones de las hermandades de gloria y penitencia de la ciudad.
La organización, como siempre, un tanto apresurada y con ciertas dosis de improvisación en cuanto a la localización de las asociaciones participantes y su posición en las filas. Los sacerdotes diocesanos, el cabildo catedralicio -no todo-, y las órdenes religiosas, tampoco todas, completaban una representación de la curia encabezada por el prelado para, tras las nadas de Gabella Baeza, situarse las representaciones civiles con la corporación municipal, con la presencia del segundo teniente de alcalde, Francisco Lebrero, cómo máximo representante del Ayuntamientol. Los lugares más concurridos fueron Arenal, Consistorio y desde ahío, el tránsito por Carmen y especialmente por la Carpintería Baja, una estampa inédita y de gran sabor al Jerez más antiguo.
Diario de Jerez