La hermandad ya está de vuelta. Ayer a primera hora de la mañana partía la caravana desde la casa jerezana tomando primero dirección hacia las puertas del santuario para despedirse de la Blanca Paloma, aun en el altar en su paso de salida, para ofrecerle una última oración antes de sumergirse por los caminos de Doñana. Fue una Salve dirigida con la intensidad que caracteriza al director espiritual. El día transcurrió con normalidad, bajo el sol y con las temperaturas remontando a valores habituales por estas fechas, es decir, la meteorología que no se tuvo en el camino de ida e incluso en los primeros momentos en la aldea. Como es habitual, la hermandad regresa con muchos menos participantes que la ida. Es algo con lo que se cuenta y más en lo que se refiere a vehículos de tracción mecánica cuyo número desciende considerablemente para apenas alcanzar la cifra del medio centenar. Esta situación no preocupa precisamente a los responsables de la hermandad. Por el contrario se constituye en la característica del camino de vuelta y que se aprecia por que marca una diferencia que es elegida por algunos que buscan la tranquilidad y la intimidad que ofrece el tránsito por Doñana cuando Jerez es la que cierra el paso de las hermandades.
Algunos de los momentos vividos ayer y que se repiten todos los años son el rezo del Ángelus en la Raya junto al pilón donde abrevan los animales, un paraje a la sombra de los eucaliptos. La oración del mediodía es compartida con las hermandades de Cádiz y San Fernando, romeros que tienen la posibilidad de compartir un rato de convivencia y de análisis de cómo se ha vivido la romería. Superando la interminable Raya, salvando los siempre peligrosos corrales de agua -recordar que en uno de ellos tuvo lugar el accidente de la carreta de Lolo Bernal- , la caravana entró en Palacio para de esta forma seguir completando el plan de regreso a Jerez. El rengue de almuerzo se realizó en la laguna del Sopetón y la noche estaba prevista hacerla en El Cancelín, un espacio adornado con pinos y suficientemente extenso como para acoger a los rocieros y con la ventaja de contar con un pilón para abrevar caballos. Una de las expresiones más repetidas sigue siendo todo lo concerniente a lo que sucedió el lunes con la visita de la Virgen a Jerez. Esos minutos y lo cerca que se aproximaron las andas a la casa jerezana ha quedado marcado en la mente y en e sentimiento de los rocieros pero especialmente para la junta se gobierno y su hermanos mayor, Francisco Gómez, que no duda en afirmar que ha sido el mejor premio para los cuatro años de mandato que concluye en esta romería.
Pocos se llaman a la sorpresa sobre cómo se produjo la llegada de la Señora porque en cierto modo se esperaba, el regalo de Almonte por las buenas relaciones con Jerez y una hermandad que colabora, cumple y además muy cercana a los que custodian a la imagen. Así las cosas, la culminación de las bodas de diamante ha tenido el broche más sobresaliente para la hermandad. En cuanto al final del lunes cuando en la aldea quedan pocos y casi todo queda en el ámbito de lo particular, la hermandad rezó el rosario e la casa de hermandad produciéndose el detalle simpático del día. Dos pequeños rocieros del grupo joven de la hermandad de Dos Hermanas, vecina de Jerez en la aldea, hicieron una ofrenda de flores al Simpecado de Jerez. Fue una decisión espontánea pero cargada de cariño porque los pequeños, perfectamente vestidos y con megáfono en mano, cruzaron la calle Almonte y se plantaron en la casa para hacer "oficial" su homenaje a los 75 años de Jerez, lo que fue respondido por el hermano mayor con la entrega de una medalla del aniversario. Después y para cerrar el día, visita a la Señora en el santuario.
Diario de Jerez