A todos los que esperan al 16 de marzo para vestir su túnica nazarena o meter su hombro bajo el varal.
Amaneció la mañana más esperada por los cofrades malagueños y las miradas al cielo eran constantes, no las tenían todas consigo. El cielo respetaba, pero las nubes permanecían. Buenas noticias en calle Parras, a la hora prevista, la Pollinica abría la Semana Santa de Málaga. Caras de alegría pese al tiempo. El alcalde de la ciudad daba los primeros toques de campana en el trono de Nuestro Padre Jesús a su Entrada en Jerusalén.
Precioso el Señor de la Pollinica, y más guapa si cabe la Virgen del Amparo. David Anaya nos deleita cada Domingo de Ramos vistiendo tan preciosa a la Dolorosa que con leve sonrisa abre las procesiones oficiales en Málaga. Conforme fueron avanzando las horas las calles se fueron animando.
Y no había terminado de pasar Pollinica por la Tribuna de los Pobres cuando las puertas de San Juan se abrieron para la salida de María Santísima de Lágrimas y Favores. La "Niña de San Juan" avanzaba siendo mecida al compás de la música. Tras Pollinica entró en recorrido oficial. Ante la posibilidad de lluvias acortaron camino y accedieron a Carreteria por Tejón y Rodríguez.
Y sonaron "Callejuela de la O" y "Caridad del Guadalquivir" verdadera penitencia que hemos tenido esta Semana Santa con estas marchas, repetidas hasta la saciedad día tras día.
A las tres en punto de la tarde, mientras Pollinica terminaba su encierro, en Capuchinos, el Dulce Nombre comenzaba su estación de penitencia. En la plaza de Capuchinos, al paso del Señor de la Soledad se descubrió un mosaico dedicado a este Cristo. Dejaba su barrio camino de la Catedral.
Andaba Lágrimas y Favores por Carreteria cuando Salutación empezaba a salir desde San Felipe. Había empezado a chispear. Eran gotas casi imperceptibles. Salutación continúo saliendo, Lágrimas aceleró su paso.
El Nazareno de la Salutación siguió buscando la capilla de la Piedad donde esta hermandad saludó corporativamente y sin dilación se encaminó al que era uno de los momentos más esperados por los cofrades allí congregados, el paso por calle Curadero. Salvo por unos cables, no hubo ningún problema más que destacar.
Todo marchaba bien. Pollinica había culminado su procesión pese a acelerar su paso en la parte final del itinerario ante noticias de la posible aparición de lluvias. Lágrimas llegaba a San Juan antes de tiempo y Dulce Nombre estaba próxima a hacer su estación de penitencia en Catedral. Mientras el resto de hermandades que aún no habían salido empezaban a formar sus cortejos con evidente preocupación ante la leve llovizna que caía sobre la ciudad.
Acababa el Nazareno de Salutación de salir de calle Curadero cuando las gotas de agua crecieron en tamaño e intensidad. Todos esperábamos que fuese una nube pasajera pero cada vez llovía más. Los enseres se refugiaban en portales o voladizos. Los plásticos hicieron su aparición, desde una casa los vecinos dieron un plástico más grande a Salutación.
Los nervios hicieron acto de presencia, nadie sabía muy bien que hacer. Estaba claro que había que refugiarse pero al principio surgieron varias opciones, la Paloma, la Policía Local o volverse a San Felipe. Y esta última opción fue la elegida. El trono siguió recto y salió a la Avenida de la Rosaleda, el cortejo nazareno se incorporó por otra calle.
Salutación se volvía. Dulce Nombre estaba en Catedral y Lágrimas estaba ya a buen recaudo desde hacía un rato. El Domingo de Ramos empezaba a torcerse. No fueron más de veinte minutos lo que duró la lluvia, pero cayó a la hora más inoportuna que podía hacerlo, justo cuando varias hermandades tenían que decidir que hacer.
Y el Huerto fue la primera en tomar la decisión que no por dolorosa era menos esperada, este año nos quedaríamos sin ver por las calle de Málaga al Señor del Huerto y a Nuestra Señora de la Concepción.
Tristeza, llanto, abrazos. Intentos de paliar un dolor que no tiene consuelo. El Huerto abrió su casa hermandad para que todos pudiesen contemplar los dos tronos. Había que esperar un año para que la Virgen de la Concepción estrenase en Domingo de Ramos la plazuela que recibe su nombre sita justo delante de la casa hermandad de esta corporación y que había sido inaugurada esa misma mañana.
En la Trinidad también dolía el corazón. La Salud decidía no salir. La Humildad pronto también tomó la misma decisión. Definitivamente el Domingo de Ramos se había roto.
En San Pablo los dos tronos se mecieron. La Virgen de la Salud estaba preciosa, más guapa que nunca, pero no pudo salir a la calle.
En la Victoria asomaron los tronos a la puerta. La Virgen de la Merced que estrenaba los cuatro arbotantes no pudo lucirlos en la calle. El desánimo cundía entre los cofrades. Muchas son las ilusiones que se ponen en el primer día de la Semana Santa para que se echase a perder de esta manera. Era un Domingo de Ramos totalmente injusto, pues la lluvia no apareció en toda la tarde, parecía una broma de mal gusto. El cielo se despejaba, y lo que había caído sólo había servido para truncar el Domingo de Ramos.
Dulce Nombre volvía a su templo desde Catedral, tras Cister tomó Alcazabilla y tras pasar por Plaza de la Merced tiró por Madre de Dios, allí tuvo que reducir su paso pues el Prendimiento había decidido salir. La Policía Local era quien regulaba el paso de ambas hermandades, algo que realmente causó sorpresa a quien esto escribe, pues echa de menos que esa labor no se realice desde el ente agrupacional.
El Prendimiento bajaba lentamente por su barrio. Estrenaba la imagen de Santiago, obra de Juan Manuel García Palomo, y el Señor lucía por primera vez la túnica de tisú de oro. Prácticamente coincidieron en la plaza de Capuchinos, por una calle bajaba el Prendimiento y por la otra el Dulce Nombre esperaba para poder recogerse.
La gente tenía ganas de procesiones porque al menos en la primera parte del recorrido las calles estaban llenas para ver pasar al Prendimiento. Como pasase hace unos años el Prendimiento volvía a salir pese a como se había desarrollado la jornada. Impresiona el paso de la Virgen del Gran Perdón por calle Ollerías, donde prácticamente sólo cabe una fila de personas en las aceras.
La noche fue fría. Poca gente había en calle Larios o en la Tribuna Oficial. El Prendimiento levantó a pulso al salir de Ollerías y delante del Hotel Larios, donde desde un balcón no paraban de pedirlo. En Dos Aceras la bulla fue más grande que nunca. La hermandad iba recreándose y eso le paso factura. Ya en el barrio empezó a llover. El Señor estaba cerca de la casa hermandad, pero la Virgen del Gran Perdón aún tenía que subir la empinada calle que lleva a la plaza previa a donde se sitúan las dependencias de la hermandad. A toda prisa volvió la Virgen del Gran Perdón a su casa hermandad. La lluvia que había estropeado el Domingo de Ramos no quiso ser menos y también fastidió al Prendimiento.
La Semana Santa había comenzado de la peor manera posible. Ni con las procesiones que habían logrado salir el ánimo se recuperaba. Fue un día raro, doloroso, donde echamos de menos muchas cosas. El cielo había sido el protagonista del primer día.
Que triste resultaron los comentarios que criticaron a las hermandades que decidieron no salir. Seguramente no les importen mucho esas hermandades y no tengan ni idea del componente artístico y humano que una corporación pone en la calle. Y desde luego no les dolerá como a aquellos que tomaron la acertada decisión de no salir, porque antes que los caprichos personales o ganas que todos podamos tener de salir en procesión hay que dejarse llevar por la cabeza fría y no por el corazón caliente.
Domingo de Ramos triste, Domingo de Ramos injusto. Dominica de palmas y olivos, dominica de abrazos y lágrimas, domingo sin consuelo.