Al tercer día, resucitó; y cierto que fue. En Santa Marina por primera vez en toda la semana, por no faltar no faltó ni el sol, que por única vez en la semana dejo disfrutar de una procesión en la calle. A las 9.30 salía la cruz de guía de esta corporación de nazarenos blancos que llevan la mejor de las buenas nuevas que los cristianos podemos recibir.
Si el sabor agridulce siempre se produce en esta jornada del Domingo de Resurrección entre los cofrades, más se acentuaba en esta ocasión ante la Semana Santa que habíamos vivido.
Algo más de las cuatro de la tarde era cuando las puertas de Santa Marina se cerraban, los cofrades habían podido disfrutar con el Resucitado y la Virgen de la Alegria. Ahora había que pensar en el próximo Domingo de Ramos.
Fotografías de Andrés Fresno Zamora.