Nadie entendía una Semana Santa como la que se estaba viviendo y el Jueves Santo volvió a estar pasado por agua. Llovía, y la Cena fue la primera en decidir que se quedaban en casa. Asistirían a los oficios y posteriormente una representación acudiría a la Trinidad donde la hermandad tenía previsto hacer estación de penitencia.
El Caído tomó similar decisión y expuso sus pasos para que todos los devotos pudiesen contemplarlos, lo mismo hizo el Cristo de Gracia, al igual que el Nazareno. La tarde no daba para más, pero he ahí que salta la sorpresa y la hermandad de la Caridad decide salir aunque acortando su itinerario. Tanto que tras pasar por la plaza del Potro, la hermandad decidió volver a San Francisco, dando así por concluida su procesión.
Las Angustias lo tuvo claro y también se quedo en casa. Fue un Jueves Santo atípico, pasado por agua, y en la Madrugá fue igual, Buena Muerte no salió y abrió San Hipólito para que la gente pudiese ver al Crucificado de la Buena Muerte y a la Reina de los Mártires.