Mientras tenía lugar el traslado de su Hijo, el Cristo de la Soledad, en el interior de la parroquia de la Divina Pastora, tuvo lugar el besamanos de María Santísima del Dulce Nombre, ceremonia que se realiza a la espera de que algún año la Señora pueda también ser trasladada a su trono procesional.
Más guapa que nunca aparecía en este besamanos, esa era la opinión generalizada de todos cuantos se acercaron a rendirle pleitesía. Ataviada con saya de color amarillo y manto malva, lucía una rosa en su mano izquierda.
El Santo Cristo de las Penas, fue testigo desde su capilla, de lo bella que lucía la Virgen del Dulce Nombre.