Domingo de Ramos, de palmas y olivos, y del comienzo de la gloria. Porque en siete días cielo y tierra serán uno. Dios más que nunca se hace presente en la vida de la ciudad. Para los que creen y para los que dudan, para que en cualquier esquina, en cualquier momento sientas la presencia de Dios.
A disfrutar se ha dicho. Nazarenos, llenad las calles, anunciad que Dios muere por Amor, y que María, llora. Esta es nuestra semana de gloria, porque hasta que nos llegue el día de poder mirarte cara a cara, Señor, proclamaremos tu gloria, que será la nuestra.