Una semana. En siete días todo habrá comenzado. Todo tendrá sentido, el trabajo habrá merecido la pena y la larga espera nos habrá parecido fugaz. Siete días nos quedan para ultimarlo todo, incluido nuestro interior, preparar nuestro cuerpo para sentir y vivir tantas emociones y sensaciones como nos esperan, dispuestos a sentir la presencia de Dios. En cualquier detalle podemos encontrarlo, tan sólo necesitamos estar dispuestos a captar tantos sentimientos como nos sean posible.
Siete días. En una semana Dios nos espera en las calles de nuestra ciudad.