Jornada de nervios, tensión por el momento que les toca vivir. Sólo una persona es la elegida, la protagonista para proclamar a los cuatro vientos que llega la Semana Santa. Durante largo tiempo habrá meditado, pensado, escrito, leído y releído, pero ahora llega el momento de la verdad. Una cita con la historia cofrade de su ciudad. Porque ser el pregonero debe ser uno de los mayores orgullos del que un cofrade puede hacer gala.
La voz lista, temple en el cuerpo. El presentador ya acaba. Llega el turno de abrir el corazón a los cofrades que esperan como agua de mayo esa voz que les aliente, que les reconforte, que les anime y que por qué no les llame la atención sobre lo que hacemos, que siempre podemos mejorar. Todos los años es igual pero siempre distinto, por ello el canto a las devociones personales siempre es lo más esperado. El tiempo pasa sin que el protagonista sea consciente de ello y tampoco se da cuenta de que habrá pasado a la historia en cuanto suenen los aplausos tras haber pronunciado las últimas palabras del pregón. He dicho.