Para llegar al hoy, antes hubo un ayer. Gracias a la labor de los que nos precedieron en el tiempo, con sus aciertos y sus errores, tenemos una hermandad como la actual. Gracias también a los que hoy en día conformamos cada hermandad y en la medida de nuestras posibilidades aportamos nuestro granito de arena. Las hermandades son lo que son gracias a la personas que las hacen posible, las que pagan sus cuotas, las que visten sus túnicas, y principalmente las que lo hacen por el amor y la devoción a unos titulares.
Cada época es distinta, habrá rachas mejores o peores, pero lo importante de una hermandad siempre será su gente y la devoción, porque sin devoción no somos nada y sin personas nada sería posible.
Hay que agradecer a los que siglos, años o meses atrás, dependiendo de cada hermandad, dedicaron su tiempo a engrandecer su hermandad. A los que nos seguirán, en quien confiaremos el legado de cada corporación nazarena, y también a los que hoy en día luchan por hacer mejor cada hermandad. Pensad que sois parte de la historia de vuestra hermandad que se escribe día a día.