Renuncio. Dimito. Reniego, no soy cofrade ni quiero serlo. Porque si ser cofrade es entender una hermandad como rancho propio donde todo a de hacerse a la voz que ordena y manda y siempre amoldándose a sus criterios, porque si lo que llamamos hermandad se convierte en cualquier cosa menos eso, en lugar que origina conflictos y peleas que conllevan a enfrentamientos personales que jamás concluirán, porque si en lugar de ser sitio de encuentro es lugar de distanciamiento, porque si cada vez que pongo el pie de la hermandad vuelvo a casa con la moral por los suelos, porque nos estamos cargando con actitudes irresponsables la ilusión, y sin ilusión no hay futuro.
Porque las hermandades deben ser algo distinto a lo que se han convertido. Por todo esto y mucho más renuncio. Si ser cofrade es esto, no lo quiero. Quizás no sepa lo que soy o lo que quiero ser, pero si estoy seguro de lo que no quiero ser.