El pasado día 17 de diciembre pudimos contemplar la última salida extraordinaria del ciclo cofrade 2006, que vino a poner un hermoso broche dorado a todo el ciclo anual. Así a las 17:45 horas, salía por las puertas del templo de San Ignacio de Loyola (también conocido como el de la compañía, dada su fundación por la Compañía de Jesús, que aun lo rige).
Frío propio de las fechas, magníficas vistas la siempre vigilante atalaya que supone el castillo de Morón, proporcionando bellísimas estampas y un pueblo claramente cofrade, cosa palpable en muchos pequeños detalles y en el mismo ambiente que rodeaba el paso y amplio cortejo que lo precedía, con presencia inclusive de hermandades invitadas procedentes de otras localidades.
Magnífica lució la Señora de la Esperanza sobre su paso, en conmemoración del 75 aniversario de la ejecución de los titulares por parte del imaginero umbreteño Antonio Illanes Rodríguez. Los sones los pusieron la Banda del Carmen de Salteras tras el palio, sin demasiada novedad en el repertorio respecto a lo acostumbrado, lo cual empieza a ser ya toda una endémica costumbre excesivamente al uso; abriendo paso la banda de la corporación, CC. y TT. Cristo de la Expiración. Mucho más público que el esperado dadas las fechas y saber hacer de la corporación durante todo el recorrido.
Se supo andar bien, siempre bajo los cánones clásicos, solo atisbándose excesos novedosos claramente prescindibles ante la interpretación de marchas cofrades novedosas de gran gusto popular y escaso mérito artístico, cosa que nos deja bien a las claras que en lo clásico está lo bello, y poco queda que inventar donde ya está todo dicho si bien se hace, y bien se hizo siempre que se ande por derecho. Esperemos que estas novedosas "revirás" al son de acarameladas composiciones baratilleras y pausado tempo que rompe la estética del palio sevillano en movimiento no sean una novedad de uso frecuente; sobrados estamos ya de excesos de la moda claramente superfluos y ajenos a la más que definida estética cofradiera. No empañará este único momento el magnífico trabajo llevado a cabo por la cuadrilla durante toda la noche: el palio andó de escalofrío y dejó estampas inolvidables, siempre de frente como manda el canon.
Magnífica la entrada, complicadísima y bien llevada: ejemplar. Tras toda una tarde noche de disfrute y cumpliendo su horario, poco después de las nueve se encontraba la señora dentro cumpliendo con el buen gusto demostrado con la jornada y el claro conocimiento de la medida que deben tener todas las cosas. A la entrada pudimos contemplar la mirada a los cielos del Cristo de la Expiración, considerado una de las obras maestras de Antonio Illanes, inmenso y sublime colocado sobre sus andas procesionales y girado hacia el costero del paso. Allí, junto a los retablos de tono caoba que imprimen un carácter único al templo, se vivió uno de los momentos más sobrecogedores de la jornada cuando la banda de la corporación que abría paso (CC. y TT. de la Expiración de Morón de la Frontera) interpretó dos marchas mientras el palio era subido al altar mayor (Bendición y Amor, Corneta y Costal). El contrapunto entre la corneta y el tambor desacostumbradamente acompañando al palio, quedó estupendo gracias al corazón que pusieron en las notas sus músicos: el cariño y la vinculación con su corporación quedó más que evidente y emocionó a los presentes.
Gracias a Morón de la Frontera por la estupenda jornada cofrade vivida en un pueblo que sabe destilar precisamente esto: un gran sentido cofrade, un ser y un sentir palpable. Broche de oro con brillantes sublime a todo el año.
Rogelio Rubio Segura.