sábado, 25 de noviembre de 2006
Su mente preclara ya se ha puesto en marcha. Pedro Merino, un auténtico filósofo de las cofradías, tiene ahora la difícil tarea de ordenar sus ideas y definir el mensaje que quiere compartir el 24 de marzo en el pregón de la Semana Santa. Está convencido de que aún quedan muchas cosas por decir, casi tanto como de que los cofrades tienen más cosas en común, que diferencias, sutiles en cualquier caso.

-¿Cómo es ese momento en el que uno recibe la noticia de que va a ser el pregonero?

-De entrada uno siente sorpresa y, en mi caso perplejidad, porque, en honor a la verdad, no podía imaginar esa designación. Cuando ya lo asumes, sientes emoción y recuerdas a muchas personas. Algunas de ellas ya no están, como mi madre o algunos amigos cofrades, caso de Adolfo Navarrete, que hubiera disfrutado mucho de este nombramiento. También me acordé de la gente de mi hermandad.

-¿Le costó guardar el secreto?

-Me costó mucho no decírselo a algunas personas. Cómo no decírselo al hermano mayor de mi cofradía o a algunos compañeros de junta. Cómo no decírselo a los amigos. Cómo no decírtelo a ti o a Miguel Ferrary. El esfuerzo, la verdad, es grande. Sólo lo sabía mi mujer.

-¿Qué le dijo cuando se enteró?

-"No me lo puedo creer". Y me dio un beso. Su sonrisa, en ese momento, la recordaré siempre.

-¿Tiene una definición de sí mismo como cofrade?

-Me gusta pensar que intento ser un cristiano coherente, lo que pasa es que no lo consigo.

-¿Por qué cree que ha sido designado por la Agrupación?

-La Agrupación tiene que buscar pregones y pregoneros de distintas vertientes y con distintas opciones, desde lo más popular a lo más místico. No creo que haya una razón especial, más que haya vivido la Semana Santa de toda la vida.

-¿Cómo va a ser su pregón?

-Sincero conmigo y con los demás. Y también leal con lo que creo, aunque me pueda equivocar. Con lo que nuestra gente, en este momento, necesita, aunque esto no significa que uno acierte. Las cofradías, como nosotros, viven un periodo de incertidumbre y confusión. Necesitamos saber a qué nos conduce lo que estamos haciendo en una ciudad en continua transformación. Una ciudad que se se crea en aluvión, en un mundo intercultural. Sin embargo, en los pregones la ciudad suele ser siempre recreada.

-¿El mensaje de la Semana Santa queda obsoleto en esa ciudad o sigue teniendo sentido?

-Tiene que tenerlo, porque la misión fundamental de la Semana Santa es la evangelización y la propia vertebración social de la ciudad. Las hermandades, por vocación, tienen que estar cada día más abiertas a toda esa realidad. Pero no por su propia pervivencia, sino porque así son útiles. Intentando llevar el mensaje de Cristo e intentando recoger el mensaje de las personas.

-¿Su aventura política ha podido retrasar este nombramiento?

-Mi situación era especial. No es lo mismo un cargo público que estar en el puesto orgánico de un partido. En el mundo de las cofradías siempre hay que guardar una cierta equidistancia, pero no una neutralidad hacia los acontecimientos que se suceden. Tampoco hay que atrincherarse en una falsa prudencia. Hay realidades, sociales y humanas, ante las que no debemos estar al margen.

-¿Al ser periodista, tendrá en cuenta la actualidad cofrade como línea maestra de su pregón?

-Pero porque las hermandades somos actualidad también: instituciones antiguas que se han mantenido por su eficacia, e indudablemente por su belleza, pero que también responden a esta época. Sin embargo, lo fundamental también es mirar al futuro.

-¿Hacía dónde deben caminar nuestras hermandades?

-Ojalá lo supiera. Creo que el camino pasa por estar más presentes en la sociedad, ser más coherentes con el compromiso y ser más acogedoras. Ofrecer a los demás un espacio para tener una experiencia de Dios en común, para compartir a Cristo, que es gratis, y para aprender nuestra propia historia e identidad.

-¿Repetimos errores del pasado?

-Puede que incluso cometamos nuevos. Pero en eso consiste el aprendizaje. No hay que tener miedo a equivocarse. Lo que sí hay que temer es a no tener la capacidad de reconocer los errores.

-¿Qué necesitan escuchar los cofrades malagueños?

-Las hermandades, como el mundo, necesitan palabras de esperanza y aliento. Los cofrades necesitamos escuchar que nuestra labor tiene futuro y sentido. Es más, puede que incluso tenga más sentido que en otros momentos. A través de los medios de los que disponemos, podemos ofrecer una oportunidad para la acogida de los que están fuera, de los que se sienten alejados, marginados o rechazados por la Iglesia.

-¿La repercusión que tiene el pregón le embarga de una responsabilidad mayor o le sirve de aliento para lanzar más alto su mensaje?

-Esta repercusión sirve para llegar a muchas personas alejadas de las cofradías, de la Iglesia y de la propia creencia. Siento la necesidad de responder a esa oportunidad.

Fuente: La Opinión de Málaga.
Publicado por nazarenodelaO @ 18:06  | Málaga
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