lunes, 20 de noviembre de 2006
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Calle Laraña. Llegamos al templo de la Anunciación y allí estaba Él. Desde la calle todos los transeúntes podían contemplar al Hijo de Dios coronado de espinas.

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La Anunciación se transformo casi dos mil años después nuevamente en el pretorio. Velas escoltaban al Señor como sayones castigaban al redentor y con clámide, caña y corona de espinas, sobrecogió los corazones en el centro de Sevilla.

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En un templo donde no se sabe muy bien a donde mirar por todo lo bueno que rodea al espectador, el Señor de la Coronación era el protagonista del día. A la izquierda del espectador, la Virgen del Valle y el Nazareno, a la derecha, el Amor, Socorro y Borriquita.

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Si de espinas lo coronaron, en Sevilla de besos lo colman, mientras imparte su magistral lección de amor y humildad, y el corazón se estremece cuando cara a cara te encuentras frente a Él, tras besar sus benditos pies

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Bien sabe tu Madre, Reina del Valle, que mientras eres objetivo de escarnio en el pretorio, todo tu pueblo quisiera consolar tus penas y enjugar la sangre de tu divina cara.

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Publicado por nazarenodelaO @ 0:07  | Sevilla
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