En la nave principal del templo, bajo la atenta mirada de Nuestra Señora Reina de Todos los Santos, estaba expuesta en besamanos María Santísima de Gracia y Amparo. Lucía saya verde oscura, fajín y por primera vez llevaba el manto de procesión bordado en dicho acto.
Una bella dolorosa, Reina de una hermandad humilde, que sin el renombre de otras ni precedida por la fama, poco a poco va completando su ajuar procesional, y lo más importante, sabiendo hacer las cosas bien, como ha quedado demostrado en este besamanos.